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Kale borroka santacrucera

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Santa Cruz de Tenerife lleva varios meses soportando la lacra de una especie de kale borroka consistente en quemar, por puro placer o por simple y llano gamberrismo, los contenedores de basura que una o varias bandas encuentran a su paso por cualquier parte de la ciudad. Hasta la fecha había provocado algún que otro sobresalto importante, con incendios que afectaron a casas abandonadas o chamuscar ligeramente coches que se hallaban estacionados en la cercanía de esos cubos de basura. Sin embargo, lo del pasado sábado de madrugada estuvo a punto de causar una verdadera tragedia. Y es que a estos impresentables e inconscientes no se les ocurrió cosa mejor que prender fuego a unos recipientes en la calle de La Rosa y para que las llamas hicieran más rápido su trabajo echaron al mismo tiempo algún producto que produjo una combustión enorme, de tal manera que se llevó por medio algunos automóviles, la fachada de una tienda de dietética, parte del inmueble de la sede del Centro Canario Nacionalista y, lo peor, algunas viviendas de ese bloque, de tal suerte que dos vecinas tuvieron que ser rescatadas, con vida, gracias a Dios, pero con un susto en el cuerpo que tardarán en olvidar.

El caso es que esta situación empieza a resultar insostenible. Vamos, a partir de ahora, cualquiera que tenga cerca de su domicilio o de su negocio un contenedor sólo le quedan dos opciones, o disponer de un buen equipo de extinción rápida de incendios o rezar para que no le toque la lotería de estos desaprensivos que pululan a sus anchas por la capital chicharrera y por otros municipios de la isla. Sé a ciencia cierta que las fuerzas policiales están detrás de estos individuos, pero los resultados, hasta el momento, están siendo infructuosos, especialmente porque, además, ya se ha provocado el famoso efecto mimético. Cuando comenzaron las primeras quemas de cubos de basura, luego han ido saliendo imitadores, aunque todo parece indicar que hay un grupo que se dedica a esto de una manera que pudiéramos definirla de 'profesional', es decir, que no buscan la gamberrada en sí, sino que quieren provocar el mayor daño posible y eso ya entra a formar parte de un delito que debe conllevar una condena de cárcel. El simple hecho de haber tenido que desalojar a unas vecinas en horas tan intempestivas indica claramente la gravedad del suceso. Sólo habría que imaginar si estas personas fueran asmáticas. Vamos, con la simple inhalación del humo podrían haber perecido.

Desde luego no será fácil poder echarle el guante a estos sinvergüenzas, sobre todo porque ahora estarán bastante quietitos tras el impacto mediático que ha tenido su última hazaña, pero que nadie se confíe. Estos impresentables no cogen miedo por nada, volverán a sus fechorías tan pronto se olvide este episodio, pero, ya puestos, y dado que el incendio de la calle de La Rosa ha afectado también a la sede del presidente del CCN y la sazón también concejal del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, Ignacio González, podría ser una excelente medida revisar lo que marca la norma legal y penal en lo que se refiere a estos episodios de vandalismo callejero, más que nada para no llevarnos una desagradable sorpresa y comprobar que prender fuego a unos cubos y provocar daños colaterales sólo supone el desembolso de unos cientos de euros. Habrá que poner mano dura y, sobre todo, evitar en la medida de lo posible que la próxima vez estemos hablando de un suceso luctuoso.

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gravatar.comAutor: Máximo Medina

La sociedad parece estar perdiendo sus valores. Hace años, todo el mobiliario urbano era respetado por los ciudadanos y además era cuidado hasta el extremo de llamar la atención a alguien si menospreciaba lo que tanto dinero le había costado a las entidades públicas. Hoy en día, lamentablemente, cada uno va a lo suyo y si observa a un joven 'maltratando' una papelera, le da lo mismo. Lo de los contenedores de basura es una historia más lamentable aún. Cualquiera puede ver grupos de chicos que se dedican a cambiarlos de sitio, a tirarlos por calles empinadas e incluso llegar a quemarlos, aunque estos últimos no son tan jóvenes, más bien mayorcitos y muchos de ellos ataviados con gorras o pañuelos para ocultar su identidad. La pregunta que una persona normal se haría es la siguiente :¿Qué ganan con semejantes golferías? Si es hacer el gamberro lo consiguen con matrícula de honor, pero a la vez con suspenso en educación ciudadana. La verdad es que falta tanta educación que una más...

Fecha: 29/05/2009 17:54.


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