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El milagro de la vida

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El pasado domingo el periódico El Mundo ofrecía a sus lectores en el suplemento Crónica un reportaje sobre dos mujeres valencianas que en unos meses esperan poder ser madres. Lo novedoso, siempre según lo contado por las protagonistas, es que una de ellas ponía su vientre al servicio de la creación y la otro el óvulo. Bien, hasta aquí todo perfecto, todo ideal para el consumo de estas personas que creen que lo de tener niños puede ir contra natura, que no hace falta el concurso de un hombre y una mujer. Sin embargo, el chiringuito se les viene abajo cuando uno sigue profundizando en la información y descubre, ¡¡¡oh, sorpresa!!! que el óvulo ha sido fecundado previamente por esperma de un donante anónimo. En otras palabras, que al final tiene que ser necesaria la presencia del factor masculino para que sea posible engendrar a ese ser humano.

Sí, es la verdad, por mucho advenedizo que salga ahora a la palestra a creerse más moderno que nadie, el milagro de la creación no entiende de progresías, ni de Bibianas Aídos ni de Pedros Zerolos. Da lo mismo lo que la ciencia haya avanzado. Como las matemáticas, dos más dos son cuatro, un bebé no nace por ciencia infusa o porque la mujer, de repente, pueda autoembarazarse. No, le guste o no a las feministas, la pequeña nueva vida sólo es posible cuando interactúan el hombre y la mujer, en cualquiera de sus formas, incluso la inseminación artificial de un óvulo que encima será implantado en un tercer cuerpo. Sí, traten de complicarlo, de buscarle mil vueltas, pero al final, dentro de todo el proceso, el varón ha tenido que terciar, aunque sea dejando sus espermatozoides en un banco de semen.

Y ojo, que no critico que dos mujeres traten de ser madres, al menos se empeñan en una causa noble, pero lo que sería deseable es que a ese bebé, según vaya creciendo, no se le coarte la libertad sexual. Uno puede ser heterosexual, homosexual, transexual o bisexual, pero esa elección se escoge cuando uno ha ido madurando. Lo que no es de recibo, bajo ninguna circunstancia, es que a un menor se le eduque en un mundo cercenado, donde las relaciones entre hombres y mujeres no existan o se puedan ver como algo pernicioso. Insisto, el milagro de la creación humana sólo es posible entre dos personas de distinto sexo, digan lo que digan algunas feministas de tres al cuarto que crean que por ir a un banco de semen ya no precisan de la ayuda del varón. Están muy equivocadas. Sin ese concurso necesario de hombres anónimos que donan su esperma para ayudar a la procreación, las mujeres no podrían hacer absolutamente nada. Guste o no, esa es la realidad. Y sí, pueden seguir coreando a los cuatro vientos lo de nosotras parimos, nosotras decidimos, pero sin semillita....no hay nada que parir ni decidir.

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gravatar.comAutor: Máximo Medina

Estas dos madres, eso de madre nada más que hay una parece quedar en entredicho, atraviesan una situación algo rancia, cuando la progresía de hoy en día propone el aborto y la píldora para evitar embarazos no deseados o simplemente no tenerlos, ellas van y deciden apostar por una vida. Pues muy bien, la ovacion debe ser de gala y por supuesto ello no suponga posteriormente que el sujeto/a en cuestión no se vaya a ver meditizada por el entorno. Por cierto, los bancos de esperma son los únicos del mundo que no han necesitado ser rescatados por los gobiernos, ¿o sí? Porque la libido puede caerse en estos tiempos que corren.

Fecha: 08/07/2009 14:20.


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