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El aborto, ¿ahora un derecho?

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El ministro de Justicia del desgobierno de España, el señor Caamaño (que rima con tamaño y él lo es de la talla XXL), ha salido a la palestra para decir ni más ni menos que todos aquellos médicos que se nieguen a practicar un aborto incurrirán en un delito de desobediencia civil. Ahí es nada, camarada y además se queda tan ancho (algo que, insisto, tampoco le resulta muy complejo). Es decir, el aborto, que no deja de ser un delito, exceptuando los casos que recoge la ley, es para este ministro una necesidad sanitaria imperiosa y prácticamente de obligado cumplimiento por los facultativos, so pena de verse privados de la ejecución de su oficio por un tiempo determinado, que digo yo que será la sanción que tenga en mente el caballero.
 
Total, que con esto del aborto andamos en lo de siempre. Este Gobierno o desgobierno se ha empeñado y empecinado en hacer un derecho algo que, ni de lejos, soñaban los colectivos proabortistas hace tan solo unos años. El aborto, sobre todo cuando se acomete por un puro capricho o por irresponsabilidad, sólo acarrea problemas para esa madre, entre ellos un síndrome de culpa que irá creciendo con el tiempo, sobre todo cuando vea a amigas suyas y conocidas de su entorno con esos preciosos bebés y ella, en cambio, lamentando haber ido un día a un centro médico de dudosa catadura moral y profesional para que le librasen de un peso que consideraba insostenible. Sí, se quitó de encima un futuro niño, pero llevará por siempre la carga psicológica de lo que pudo ser y no fue. El trauma psicológico es casi imposible de aguantar, es un fardo siempre pesado que nunca termina de irse de la cabeza.
 
Pero bueno, el señor Caamaño lo tiene claro, si un doctor se niega a practicar un aborto, entonces estará cometiendo un delito de desobediencia civil. Vamos, que lo del Juramento Hipocrático y demás zarandajas son pecata minuta para este servidor de la Justicia española. Lo curioso, y siempre incido en este aspecto, es que nunca han tomado en consideración estos amigos de cargarse la vida que si sus madres hubieran decidido hacer lo que ellos ahora proponen, hoy no podrían estar en esa tribuna o en ese despacho soltando babiecadas por su boca. Pero es lo que tenemos y sólo hay una vía de cambiar la situación (aunque esa oposición, créanme, a veces peca de demasiado blanda y con el aborto, salvo excepciones, no he visto yo a los Rajoy, Cospedal o Soraya muy contundentes).

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gravatar.comAutor: Máximo Medina

Nos quejábamos de Bermejo y miren por donde nos salta su sucesor. Caamaño no parece haberse dado cuenta de lo que ha dicho, porque intenta imponer a todo un gremio un hecho como el del aborto que rechaza su mayoría. El ministro de Justicia debería ser consciente de que si un ciudadano no quiere hacer algo, no se le puede obligar y menos por decreto. Otra cosa que no entiendo. El señor Caamaño suelta la lindeza y la ministra de Sanidad más callada que una monja de clausura. Los abortos, por lo que se ve, son una cuestión legal, no sanitaria. Y ahora viene la pregunta, ¿por qué? Será porque toda la tramitación de la ley la lleva la ínclita señorita Aído. Como éramos pocos...

Fecha: 14/08/2009 15:13.


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