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Economía española, eso sí que es de Halloween

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España, definitivamente, es diferente. De un tiempo a esta parte, sin saber exactamente por qué, nos hemos visto envueltos e inmersos en la celebración de una fiesta que para nada tiene que ver con el espíritu primitivo. Y es que el Día de Todos los Santos se ha visto relegado en cierta medida por la apuesta de Halloween, cuando no se trata de una fiesta de carácter lúdico. Aquí, al igual que ha pasado con el 24 de diciembre, hemos adoptado, bien voluntariamente, bien por la fuerza, un acto que no se correspondía con nuestro arraigo y acervo cultural. Sin embargo, por acción u omisión se ha permitido que las estampas góticas, los "trucos o tratos" o los sustos sin permiso se hayan instalado en nuestras vidas y, conociendo la idiosincrasia de este santo país, ya nada hará que Haloween desaparezca de nuestro horizonte vital.

Pero lejos de querer convertirme en un aguafiestas, sí digo que la misma facilidad que tenemos en España para adaptarnos a las costumbres festivas de otras latitudes del planeta, también reclamaría que esa misma efectividad la tengamos a la hora de adoptar otras costumbres menos festivas, más espartanas si cabe. Sé que como latinos que somos, nos gusta más un boncho, enlazar un jueves por la noche con un viernes o un miércoles por la noche y no parar hasta el fin de semana. El espíritu de la jarana va implícito en nuestros genes e incluso hasta los ateos más recalcitrantes no renuncian a sus vacaciones navideñas o de Semana Santa, aunque ahora quieran revestirlas de períodos festivos de invierno y primavera. Es igual, a nadie le amarga un dulce, en este caso una fiesta, pero no sólo de esas diversiones viven las personas.

Y es que mucho acusaban en su momento al Generalísimo de querer tener distraido al país con folclore, con el pan y circo del fútbol y demás eventos de ocio para que no se interesara demasiado en otros aspectos sociales más relevantes. Pues bien, ahora parece que a nuestra sociedad parece no importarle todos los problemas que nos acucian a diario, el paro, la sanidad, el fracaso escolar, etcétera. Recalco el término parece porque no estoy seguro de que muchos estén para celebraciones continuas, pero es que son determinados medios de comunicación los que nos transmiten un panorama de diversión como si en España estuviéramos en el paraíso de la abundancia. Y sí, señores, estamos en el párnaso de la abundancia...pero de desempleo, de listas de espera en la sanidad, de autónomos impagados, de alumnos que no aprueban y que se estrellan contra el sistema cuando llegan a la Universidad al haber sido pasados al curso siguiente en los años anteriores.

En fin, lo único que nos asemeja en estos momentos con Halloween, y quizá por ahí podamos tener ese nexo de unión, ese paralelismo, es que la situación económico-social en España es de auténtico terror. Da tanto miedo abrir todos los días el periódico, escuchar la radio o ver los telediarios que en cuanto sale la primera noticia nos echamos a correr de forma despavorida.

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gravatar.comAutor: Máximo Medina

El panorama que nos están pintando es más terrorífico que la propia realidad, que es algo menos amarga de lo que todos los sondeos indican. España no anda bien, pero tampoco se encuentra en un estado caótico. Incluso, si no tuviéramos los cuatro millones de parados, la economía no está tan mal con respecto a otras de nuestro entorno (¿qué significará la palabra entorno?). Además, los españoles somos muy competitivos, porque trabajamos mucho (los que no están en el desempleo) y cobramos muy poco. Todo, con respecto al entorno. Que le digan a un británico, alemán, francés, luxemburgués o italiano que trabaje por los sueldos de los españoles y es que ni se levantan de la cama. Así que ni tanto ni tampoco. Económicamente hablando somos una absoluta mediocridad. Aunque en el mejor sentido de la palabra.

Fecha: 30/10/2009 23:09.


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