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Peligrosa imprudencia

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Craso error, sólo de esta manera se me ocurre definir la parafernalia mediática que se ha montado en relación al posible hallazgo de los restos de la niña Sara Morales, la menor que desapareció en julio de 2006 y que hasta la fecha había sido buscada intensamente por toda la isla de Gran Canaria, pero con resultados estériles. Y digo que me parece todo esto un gran circo porque quien está al cargo de las operaciones no ha tenido mejor ocurrencia que darle notoriedad al asunto y los sondeos en el pozo de Jinámar se han convertido en un espectáculo para los medios de comunicación. No es culpa de las cadenas en esta ocasión, sino de quien o quienes se hayan precipitado en ofrecer unos datos que aún puede que pasen unas semanas hasta saber la identidad de esos restos óseos.

 

Por supuesto, de eso no me cabe la menor duda, la familia de Sara debe estar ansiosa por conocer ya la verdad de lo que pudo pasar con su hija. Esta misma mañana tenía la oportunidad de escuchar el testimonio de su madre y podía entender perfectamente ese sentimiento contradictorio entre el deseo de que esos huesos hallados en esa cavidad no se correspondan con los de su hija y así poder seguir alimentando la esperanza de que la pequeña aún se encuentra viva y la tranquilidad, en cierta medida, de que esta pesadilla se acabe en el caso de que las pruebas dictaminasen finalmente que se trata de la joven grancanaria.

 

Sin embargo, insisto, alguien se ha saltado todos los protocolos del respeto y de la moralidad. Lo lógico es que cuando se está ante un hallazgo de estas características y con la gravedad que entraña el asunto en cuestión, haya que apostar por la prudencia. Aún no tienen los restos en las manos y ya se han puesto a especular sobre la posibilidad de que se trate de Sara Morales. Internamente, por supuesto, me parece perfecto que trabajen con todas las hipótesis que deseen, pero cuando no se está seguro de algo, menos aún cuando estamos hablando de una niña desaparecida en extrañas circunstancias y con toda una familia sufriendo en silencio esa ausencia, lo mejor es mantener silencio, ser prudentes y no pronunciarse de cara a la opinión pública hasta no tener los resultados en la mano.

 

Me pongo en el lugar de la familia de la menor y, verdaderamente, me costaría mucho saber reaccionar en esta situación. Valoraría el trabajo que con denuedo están llevando a cabo la Policía y la Guardia Civil después de casi cuatro años, pero no sé hasta que punto podría soportar que haya determinados personajes que anuncien a los cuatro vientos que se han hallado unos restos y que encima se permitan el lujo de conjeturar que pertenecen a Sara Morales. Termino como empecé, craso error.

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gravatar.comAutor: Máximo Medina

Hacen ya cuatro años, o casi, de la desaparición de la menor y algunos andan buscando el menor indicio como para señalar que son los restos de Sara. Yo no me atrevo a hacer conjeturas, porque hay personas de por medio, pero resulta extraño que quien haya arrojado esos huesos, quien sabe si algo más, al pozo de Jinámar, se haya dejado por el camino alguno, porque fueron unos policías los que encontraron uno de ellos en las cercanías de la mencionada cavidad. El que se presentaran en el lugar de los hechos las autoridades pertinentes, para chupar cámara y alguna que otra foto, me da mala espina y me suena a que no hay tantos indicios como para asegurar que se trata de los restos de la menor. La vieja táctica de hablar de lo que sea menos de que realmente está pasando. Es una impresión, no una realidad, aunque a veces se confunden entre ellas.

Fecha: 24/03/2010 14:54.


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