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Desde mi escaño

Hurtos por necesidad

Hurtos por necesidad

La crisis, la negase quien la negase, ha provocado grandes estragos en España, pero no sólo a nivel de personas que se han arruinado hasta la saciedad, empresarios medianos y pequeños que se han visto forzados a cerrar sus empresas por mor de una situación que no se supo (o no se quiso) ver con la suficiente antelación (quedan exceptuados los Díaz Ferrán de turno, a nivel nacional; o los Fernando Peña Suárez, a escala local, capaces de chotearse de los trabajadores, de la Seguridad Social y hasta de la siempre temible Agencia Estatal Tributaria). Sin embargo, mi objeto de análisis no es hablar de estos Dionis o Roldanes de acciones ilegales dudosamente legalizadas, sino de esas personas que lo están pasando francamente mal, gente anónima como ustedes o yo, y que están provocando un fenómeno que va a mayores, el de los hurtos famélicos.

 

La Asociación de Supermercados de las Islas Canarias, ASUICÁN, ha revelado que se está produciendo una inversión en el tipo de sustracciones que realizan los clientes de las grandes y pequeñas superficies. Antes de que la crisis nos estallara como una gran bomba en la cara, lo normal era que las cadenas alimenticias sufrieran robos de productos de cierta cuantía que, necesariamente, denotaban que no era mangar por apuro, sino simplemente por capricho y para evitar tener que pagar una elevada cifra por un perfume, un licor o tabaco. Ahora, en cambio, la tendencia se ha invertido y los robos que se realizan se centran principalmente en los productos de primera necesidad como el pan, leche, huevos, pasta. Sí, claro, por supuesto que siempre hay quien aprovecha para levantarse algo del rincón del gourmet, pero donde empiezan a producirse pérdidas son en esos lineales de comidas básicas. Y no sólo es que se sustraigan, sino que algunos optan por una solución menos arriesgada en teoría, que es almorzar/merendar/cenar dentro de la propia superficie comercial, tal y como se puede comprobar diariamente en, por ejemplo, el Carrefour Meridiano, con panes de molde a los que les faltan rebanadas, paquete de embutidos abiertos, chocolatinas de las que sólo queda el envase, etcétera.

 

Este fenómeno ha recibido, de manera muy acertada, el apodo de hurtos famélicos. Ahora el control no está tanto en las bebidas graduadas o en el tabaco, sino en esos alimentos que son básicos. Ya nadie se pirra por meterse entre sus holgadas ropas un Chivas o un Baileys o dos cartones de Marlboro o, por ejemplo, intentar levantarse una cámara digital. Hoy, si se hiciera el estudio de lo que hipotéticamente pierden los supermercados e hipermercados (que realmente no sufren pérdidas porque los demás pagamos ese riesgo en el precio) la mayor concentración estaría en el pan, la leche, los huevos, el embutido, los chocolates o la pasta). Desde luego, amigo de hurtar en un centro no lo soy, pero también comprendo que haya personas que no les queda otro remedio que hacerlo y, en cierta medida, insisto, es algo que ya aportamos a la hora de pagar la compra del mes. Ojalá y no se tuviera que dar este caso, pero tampoco sería de los que llamase la atención a una familia que, por cuestión de necesidad, se diese el atracón en la gran superficie. Es triste robar, pero más lamentable es quedarse con las ganas…de comer.

1 comentario

Máximo Medina -

Lamentable situación la que relata en este artículo y mucho más cuando nos enteramos de que el colega ZP está dispuesto a darle 2.500 millones de euros a los griegos para que salgan del atolladero. Es sorprendente que en el primer mundo esté sucediendo esto y me invaden varias preguntas: ¿el ajuste económico, que pagaremos como siempre los trabadores, no es ya suficiente? Los grupos de presión, bancos, grandes empresas, multinacionales, lobbys de todo tipo ¿continuarán en su política de preservar sus beneficios sacrificando el empleo? Si esto sigue mucho tiempo se va a liar una gorda y parda, pero, desafortunadamente, suscribo letra por letra su frase final: es triste robar, pero más lamentable es quedarse con las ganas... de comer. Y todo esto... con un Gobierno presuntamente de izquierdas.