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Las tempestades de ZP

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El refranero español no sólo es prolijo en su contenido, sino que además dice verdades como puños. A Zapatero se le podría aplicar esa máxima del que siembra vientos, recoge tempestades. Nuestro presidente se divirtió durante mucho tiempo cuando al ex mandatario español José María Aznar era insultado y abucheado por doquier, incluso en los funerales de Estado por los más de 60 fallecidos en el accidente del Yak-42.

Nadie puede tener ahora vacíos de memoria. Sería imposible no recordar lo que pasó la tarde de 13 de marzo de 2004, cuando grupos perfectamente organizados por Ferraz se presentaron en las sedes del PP a insultar y, de paso, a intentar agredir a quien tuviese la osadía de estar por allí en aquellos momentos. Tampoco se puede borrar lo que aconteció el día de las elecciones, las reiteradas ocasiones en las que se llamó asesino al matrimonio Aznar. Todo eso era jaleado desde las filas socialistas y encima se permitían el lujo de dar lecciones de democracia. "Ha hablado el pueblo y cuando éste habla, hay que escucharlo", decían muchos socialistas por aquel entonces.

Pero han pasado más de seis años, el PSOE está en la poltrona y sus enseñanzas ya se han quedado en el olvido. Ahora no interesa lo que dicen los ciudadanos. Cuando los ataques dialécticos eran contra Aznar, lo democrático era marcharse del poder, pero cuando se arremete contra Zapatero, entonces sólo se trata de grupúsculos perfectamente organizados, de personas que viene a cumplir un guión, una tradición. ¿Una tradición? pregunto yo.

Héte ahí el quid de la cuestión. Que se esgrime el argumento de los chillidos contra ZP y la petición de dimisión como una tradición que ha habido siempre en el desfile del Día de la Hispanidad, pero eso es falso, es una tamaña falacia que no cabe por ningún lado. De siempre, esta jornada ha sido una verdadera fiesta, un desfile de varias horas de duración donde nuestros distintos cuerpos militares desfilaban frente a autoridades y ciudadanos. El respeto siempre fue la norma a seguir...hasta que llegó a escena ZP.

El propio presidente ya la lio en su momento cuando se negó en redondo a levantarse ante el paso de la bandera estadounidense. Allí, que podrán ser muchas cosas menos bobos, le tomaron la matrícula a ZP y de ahí que jamás un mandatario norteamericano en activo se haya prestado a venir a España desde entonces. Ni el repudiado Bush ni el vendehumo de Obama tienen a nuestro país como un socio fiable.

Zapatero y sus ministros se quejan como plañideras del mal trato que reciben cada 12 de octubre por parte de los ciudadanos, pero, tal y como expongo más arriba, que recuerden entonces cuando se sumaban al coro general de los ciudadanos que tildaban de criminal a José María Aznar. La desmemoria de estos dirigentes socialistas alcanza límites de inmoralidad y, como inicié el artículo, ZP no está sino recogiendo las tempestades de los vientos sembrados con anterioridad.

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juanvelarde

gravatar.comAutor: Máximo Medina

ZP ha llegado al colmo del ridículo, cuando propaga una cosa y luego su contraria. Y no se le mueve una ceja, nunca mejor dicho, porque 'vende' ambos productos como si fueran la panacea para resolver los problemas de España. Lo malo es que el problema que tiene nuestro país es él y nadie más. Por eso no es de extrañar que encabece una manifestación contra la reforma laboral de Aznar y luego él, ya en Moncloa, la ejecute sin el menor rubor. Algo parecido ha pasado con las pensiones y el retraso en la edad de jubilación, a las que se oponía años atrás y ahora en el poder dice que "es necesario". ZP no siembra tempestades, él en sí mismo es un huracán de grado cinco. No lo quieren ya ni en su propio partido, aunque nadie lo diga abiertamente por la 'democracia' imperante en el seno de los socialistas españoles. ¿Habrá que acuñar de nuevo la frase de 'váyase señor Rodríguez, váyase'? Cualquiera sabe.

Fecha: 13/10/2010 14:40.


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