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Desde mi escaño

SCE: Sexo como empleo

SCE: Sexo como empleo

¿Quieren unas dotes de surrealismo mágico o sexual? Uno las ha encontrado leyendo a los compañeros de El Digital de Canarias, el rotativo on line de Félix Rojas, con la noticia de una mujer que rechazó la asistencia a un curso del Servicio Canario de Empleo porque, entre sus labores, amén de los niños, hacer determinadas domésticas, etcétera, tenía que, pásmense ustedes, hacerle el sexo oral a su esposo. Sí, puede parecer broma, pero nada de eso. Sólo le faltó a los entrevistadores del SCE que entendieron sus motivos decirle a la susodicha que “con tu pan te lo comas (o te la comas)”.

Las excusas que suelen proporcionarse por parte de personas desempleadas para evitar la realización de algunos cursos de formación suelen ser ilimitadas, pero siempre dentro de unos parámetros que entran en los márgenes de la normalidad. Desde los que no tienen con quién dejar a los chiquillos, al que tiene un familiar al borde de la tumba, el que precisamente ese día tiene un examen o el recurrente gripazo. Todos son motivos que, de mejor o peor manera, cuelan ante una administración que no está para ulteriores comprobaciones. A no ser que cobres, claro. Entonces, con percepción de por medio, el sentido arácnido de los responsables de Empleo suele activarse automáticamente.

Pero volviendo al caso de esta señora, me sorprende la tranquilidad con la que se dirigió a sus interlocutores. Desde luego, es para nota o para premio porque entre las miles de excusas que a mí se me ocurrirían para escaquearme de un curso aburrido, no estaría precisamente el que le tuviera que hacer el sexo oral a mi pareja. Vamos, no entiendo mucho de horarios y de cuándo el asunto se pone más o menos interesante, aunque algunos sexólogos dicen que por la mañana la cosa, después del relajo nocturno, está en posición de firmes y a punto de caramelo, pero el caso es que hay que echarle mucho valor o no tener un gramo de vergüenza social o de pudor para poner como pretexto que lo primero es lo primero y que antes que nada al marido le tiene que pasar el plumero.

De todas maneras, poniéndole un carácter serio al hecho, es verdad que no es de recibo que ese motivo, por muy sorprendente e hilarante que sea, suponga una exención a la obligación que tiene una persona con su progreso laboral. Quizá, qué quieren que les diga, habría que ver si estamos ante un caso de malos tratos porque, realmente, no se me pasa por la cabeza que alguien responda así a la hora de rechazar un curso formativo. A no ser que esta persona sea una verdadera desvergonzada y encima consiga que los del SCE también se chupen otra cosa…el dedo.

1 comentario

Máximo Medina -

Increíble, sorprendente y todos los epítetos que ustedes quieran, pero lo que hay o pasa dentro de un matrimonio, allí se queda, aunque como excusa para rechazar un curso de formación me parece desternillante. El que alguien ponga sus deberes o derechos conyugales, que vaya usted a saber, como justificación, aparte de chocante resulta cuando menos censurable. Pese a este caso, prefiero quedarme con la segunda parte del asunto: el sentido arácnido de los responsables de las prestaciones para eliminarlas en cuanto sea posible, que la cosa está muy mal y el Estado se encuentra en total crisis financiera, quizás provocada por los desempleados que durante su época de cotización pagaron su paro y ahora tienen derecho a un sueldo mínimo, atado y bien atado por ley. Por lo que se ve, hay gente que se piensa que el Gobierno 'regala' las prestaciones por desempleo, olvidando que antes los trabajadores tuvieron que pagarlas, porque si no, no tendrían derecho a nada. Varias cosas deberían cambiar en nuestra sociedad a este respecto: 1) el desempleado no se está en las listas del INEM porque quiera, sino porque, desgraciadamente, no le queda otro remedio. 2) que no cobra porque se regalen, sino porque tiene derecho a ello. Y 3) el español tiene derecho al trabajo (así lo dice la Constitución de 1978), aunque otra cosa muy distinta es que lo tenga. Y en cuanto a la señora, entre las labores domésticas y las otras, no cabe duda de que está muy ocupada. Nunca mejor escrito.