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Desde mi escaño

Antonelli: La ley del embudo

Antonelli: La ley del embudo

Buena la ha liado Xavier Horcajo, de Intereconomía Televisión, con sus referencias a la integrante de las listas del PSOE, Carla Antonelli. Y digo que la ha liado porque, efectivamente, hay colectivos en este país con los que no te puedes meter, sobre todo si además son afines al socialismo. Hasta ahí podíamos llegar. Se puede estar en mayor o menor desacuerdo sobre los calificativos vertidos por Horcajo, que ha definido a Antonelli como chico, chica, chique o lo que sea, pero lo que me parece alarmante es la desmemoria de los que han salido a defender a la actriz (o actor) y la caradura de la propia Antonelli, que ha sufrido una repentina amnesia sobre sus arremetidas contra las creencias y opciones políticas del resto de los españoles.

La hemeroteca, afortunadamente, es la tabla de salvación de los periodistas y, aunque a más de un político le encantaría borrar toda huella de sus declaraciones (bueno, algunos lo hacen con los vídeos del Faisán), lo cierto es que los soportes donde queda reflejada hasta la última coma son casi infinitos y lo que no encuentras en un lado, lo hallas en otro, pero al final siempre se acaba desenmascarando el pasado más oscuro de estos cainitas que lanzan piedras como si no tuviesen pecados que esconder. Y Antonelli tiene muchas cosas que esconder, pero, fíjate tú, en un solo clic podemos encontrar varias perlas de esta señora que va en las listas del PSOE a la Comunidad de Madrid.

La transexual, refiriéndose a los cardenales, llegó a afirmar lo siguiente: “Parásitos púrpuras que a modo de sanguijuelas se nos han pegado al cuello desde hace dos mil años”. ¿Saben ustedes dónde escribió esta barbaridad? En un artículo en El Plural, el periódico del envenenado Enric Sopena, en diciembre de 2008.

En octubre de 2009, Antonelli participaba en un polémico calendario que ridiculizaba a la religión católica. En diciembre, tachaba a la Iglesia de “unas de las peores plagas que han infectado este planeta” en otro artículo en El Plural. El 14 de abril de 2010, en su web, carlaantonelli.com, se refería al Vaticano en estos términos: “Estos señores tienen que terminar con sus huesos en la cárcel”.

En octubre, Antonelli participó en una protesta ante la sede nacional del PP en la que se exhibieron pancartas con lemas como “la derecha no folla, pero jode”. Evidentemente, resulta muy fácil predicar, pero otra cosa es dar trigo. Esta señora, como otros de su calaña, se permite el lujo de dar lecciones de moralidad, de insultar a los demás, pero ¡ojo! que no se les vitupere a ellos. Una burla o un comentario socarrón de alguien de derechas es magnificado hasta los extremos más insospechados, pero las bajezas lingüísticas de socialistas o de afectos al lobby gay cuentan con plena carta de naturaleza. Son fieles seguidores de la ley del embudo y del desahogo más pornográfico que jamás se ha visto y contemplado.

2 comentarios

Miquel -

Esta tía o tío es gilipolla, y esa palabra no admite géneros. Además es parte de esa gentuza vividora que nos gobierna. El problema es que si no sabes lo que es tiene un buen polvo y es lo único que me inquieta de ella....O de él y a mí los tíos no me gustan...

Máximo Medina -

Todo esto me suena a electoralismo barato. Unos son más progres que otra cosa, mientras que otros se mantienen en sus trece sin cambiar un ápice. Cualquier integrante del PSOE se cree con atribuciones para etiquetar a todo el mundo, mientras que los militantes de partidos de centro-derecha andan mucho más comedidos en sus declaraciones y la mayoría de las veces se quedan cortos a la hora de definir algo en concreto. Cualquiera puede decir lo que le dé la gana siempre que no ofenda o insulte a otro y en el terreno político todo es posible. Si la Iglesia o sus representantes no prestan la menor atención a lo que se dice de ellos es su problema y si no ponen a sus detractores en su justo lugar, sus razones tendrán. Otra cosa bien distinta es que alguien hay uso de la moral para dar sus mensajes. Ahí todos se pueden equivocar y mucho más los que viven el momento de gloria en el segundo que les ha tocado vivirlo. Quien se olvida del pasado, se olvida también de sus errores y está condenado a repetirlos. Es, por desgracia, el caso de millones de personas. Así nos va.