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Desde mi escaño

Si hubiera pasado en España...

Si hubiera pasado en España...

¿Estaríamos preparados en España para poder afrontar una rebelión de la naturaleza como la que está sufriendo Japón? ¿Cuál sería la respuesta de nuestras autoridades ante un terremoto de prácticamente nueve grados en la escala de Ritcher y un posterior tsunami que han provocado, amén de varios centenares de muertos y miles de desaparecidos, fugas radioactivas en centrales nucleares? Aquí tendemos a reírnos (entiéndase la ironía) de cómo otros países más avanzados se las ven y se las desean para sacar adelante a la población ante una crisis de la naturaleza.

Poco más de un lustro habrá pasado desde el Katrina, que asoló a buena parte del centro de los Estados Unidos, y en nuestro santo país tenías que escuchar a supuestos expertos sobre lo mal que George Bush había gestionado todas las operaciones. Lo calificaron de inútil hacia arriba. Claro, es que en España las cosas se hacen que no veas…pero de mal a peor, por supuesto.

No nos tenemos que remontar mucho en el tiempo. Vayamos simplemente al fin de semana pasado. Autopista A-6, La Coruña-Madrid, fuertes nevadas en la Comunidad de Madrid y un atasco kilométrico y retenciones de varias horas entre los puntos 22 y 36. Conductores completamente atrapados y un sistema operativo de máquinas quitanieves que no dio avío, entre otras cosas porque, a pesar de estar avisado por los partes del tiempo, nadie del Gobierno, del Ministerio de Fomento concretamente, movió un solo dedo. Igual pensaban que el problema se solucionaría solo.

Año 2005, Canarias y Cataluña. Las Islas, pese a estar prevenidas de la llegada de los restos de la tormenta tropical Delta, sufren la ineptitud de sus autoridades y varios núcleos de Tenerife, el lugar más afectado por el fenómeno meteorológico, se quedan sin luz por espacio de más de una semana. Por su parte, en la comunidad catalana, exactamente en Barcelona, las obras de la ampliación de la red de Metro y del AVE se cargan parte del barrio del Carmel, así como provocar daños estructurales al monumento de La Sagrada Familia. Muchos estudios, muchas prospecciones, muchos planos, pero cero protocolos de evacuación.

Deseando que las autoridades japonesas puedan restablecer, con la inestimable colaboración de la comunidad internacional, el desastre que se ha cernido sobre su próspera nación, hoy tenemos que reconocer que en España, simplemente con la cuarta parte del mal que se ha cebado con los nipones hoy seríamos ya pura historia. Si cuatro copos de nieve, unos vientos o unas prospecciones perfectamente planificadas pueden provocar retenciones de horas, dejar sin luz a decenas de miles de familias durante varios días o cargarse sin mayor miramiento viviendas y negocios, ¿qué podemos esperar frente a una catástrofe de tamañas dimensiones como la vivida en Japón? La respuesta sólo hay que imaginarla. Mejor no la cristalicemos.

2 comentarios

Máximo Medina -

Antes que nada debo expresar que estoy de total acuerdo con don Emilio Galdrán, en España, o Canarias, es imposible hoy en día un fenómeno de estas características, salvo que se descubra una falla monumental en los próximos años. Japón es un país especialmente preparado contra los seísmos y el que sucedió en Haití en el país nipón apenas habría ocasionado daños. Ahora bien, un terremoto de nivel 9 no es ninguna tontería y por muy bien pertrechado que estés para estos fenómenos, algo tiene que pasar. En Japón el problema han sido las centrales nucleares de esa zona, pero a nivel personal el número de víctimas ha sido ridículo, afortunadamente, con respecto a a cualquier otro país o zona del mundo. Quizás los que ordenaron la instalación de esas centrales energéticas no previeron un fenómeno de ese alcance, pero ese es otro cantar. En España no estamos preparados para algo así, porque no parece probable que suceda, pero no olvide usted, amigo Velarde, que la ciudadanía no va a esperar órdenes de los dirigentes en forma de planes de evacuación u otros menesteres. Ayudará cuanto pueda y minimizará el impacto de cualquier catástrofe natural. Incendios forestales o Delta son muestras de que el pueblo estuvo atento a todo, de ahí que el número de víctimas fuera el menor posible. En caso de fenómeno adverso (qué cursilería en momentos duros) el amenazado es el pueblo, no los gobernantes de turno. Así, por lo menos, lo espero.

Emilio Galdrán Alcocer -

En la España continental no es posible algo semejante, salvo en partes muy localizadas de Alicante y Granada. Me refiero al terremoto, evidentemente. La configuración de la Meseta, que constituye la mayor parte del territorio peninsular, lo impide.

Sin embargo, la llegada de una ola semejante es otro cantar. Ahí sí que lo pasaríamos mal. Muy mal. Seguramente peor de lo que lo están pasando los japoneses.