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Desde mi escaño

Envidia sana

Envidia sana

Los jóvenes de la JMJ (Jornada Mundial de la Juventud) saben darnos un magnífico ejemplo de comportamiento, de civismo, de paciencia, nada que ver, desde luego, con el movimiento indignante de los indignados que, entre otras razones, hurtaron al pueblo llano las calles, las plazas y su democracia peculiar se basaba en hacer lo que ellos querían. Lo que propusiesen otros, de nada servía (ya saben aquello de que no nos representan y paridas por estilo).

Pero a lo que iba. Madrid está siendo tomada de manera pacífica por una juventud mundial sana, alegre, entusiasta, llena de valores, dispuesta a ayudar en lo que sea. Vayan donde vayan, sinceramente, no se nota su paso, son centenares de miles los que ya circulan por las distintas calles de la capital, pero su comportamiento es mucho más que ejemplar; es maravilloso, acorde, desde luego, a los actos que vienen a vivir a partir de la próxima semana, sobre todo desde el jueves 18 de agosto con la llegada del Santo Padre. Envidia sana es lo menos que puedo sentir cuando me topo con este grupo de personas, muy diferentes, lamentablemente, de esa otra juventud que no tiene el más mínimo respeto, esos ni-ni que, al socaire de la Visa familiar, se dan todos los caprichos del mundo sin esfuerzo, justo lo contrario que estos participantes de la JMJ.

Y es que, por ejemplo, era reconfortante observar en un restaurante cercano al Campo de las Naciones como alrededor de 100 jóvenes aguardaban pacientemente su turno para pasar las bandejas por el buffet. Cualquiera otro se agobiaría, trataría de colarse o, por ejemplo, servirse en cantidades industriales, aunque luego dejase la mitad. Esta gente, no. Lo observé durante gran parte de la cena y, de verdad, exquisito es poco para definir su comportamiento. Esperaban estoicamente a que los recipientes vacíos de comida se volviesen a llenar. Ni una protesta, ni un mal gesto, todo lo contrario. Veías en sus caras que sólo el simple hecho de estar en Madrid ya era como un gran premio.

De verdad, aunque sé que sigue habiendo mucho anticatólico y anticristiano (y no es lo mismo que ser ateo, que el no creyente en nada es al final más respetuoso), no estaría de más que la sociedad actual tomase ejemplo de esta gente, de ver que no se comportan como gañanes, que están siempre dispuestos a colaborar, a ayudar, que no es una juventud estropeada ni por el botellón ni por las drogas, que son excelentes estudiantes, que saben divertirse como el que más, pero sin tener que hacer el cafre o jugar a destrozar cosas. Insisto, envidia sana que me da toda esta juventud. ¡A ver si empezamos a tomar ejemplo!

2 comentarios

Máximo Medina -

La juventud, y la no juventud, debe comportarse con respecto a unas reglas del juego, llamadas leyes. Lo lógico, lo habitual, es que se cumplan y lo anormal, lo extraño y lo rechazable es que se incumplan, como nos hemos acostumbrado en las últimas fechas gracias a unos 'indignados' que son votos potenciales en el mes de noviembre. Por eso ningún partido les critica e incluso le permiten lo que a otros colectivos les ha sido vedado. Si los jóvenes que vienen a Madrid a seguir la Jornada Mundial de la Juventud se comportan como personas incluidas dentro de una sociedad es lo razonable, no lo destacable. Lo otro es harina de otro costal y mezclar ambas actitudes en situaciones tan dispares no parece lo más correcto. No hay que alabar la concordia entre jóvenes, sería lo lógico, pero sí criticar y con dureza el que unos miles, abanderados en esloganes políticos, hagan de su capa un sayo. Esto sí que sería censurable.

Fabio -

¿Qué le hace usted pensar, que muchos de esos jóvenes cristianos a los que tanto admira no estaban también indigandos y comprometidos en el movimiento 15M? ¿Quién le dió el poder de juzgar al que protesta contra las injusticias sociales, y sesgarle su religiosidad?
Jesucristo, que parece ser importante para usted, estaba de ambos lados.