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Las verdades de un francés

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Vergüenza nos debería que un periodista francés se atreva a poner el dedo en la llaga donde otros, españoles todos, tratan de escapar por la tangente, de marear la perdiz y usar sinuosas y aletargadas excusas para no hablar de la realidad imperante. Y es que el siempre imperdible Frederic Hermel dijo en Punto Pelota lo que otros colegas del periodismo deportivo patrio no tienen los arrestos de denunciar, es decir, poner negro sobre blanco o expresar claramente frente a un micrófono o frente a las cámaras de televisión que en el campo del Osasuna, en el otrora El Sadar, hoy Reyno de Navarra, se da cobertura a personajes que más que a animar al equipo local van a proferir consignas a favor de ETA.

Por supuesto, porque la afición rojilla, en términos generales, es buena gente, como así se define a los navarros, gente de bien, trabajadora, sacrificada, no se puede encasillar al 100% de los aficionados que acudan al estadio pamplonica como seguidores de la causa etarra. De hecho, muchos repudian esas actitudes. Lo que sucede es que, especialmente en los fondos, hay grupúsculos difícilmente controlables que se meten en el recinto a armar jarana, a sacar las pancartas o a gritar goras a ETA, especialmente en partido de cierta relevancia mediática o social (Real Madrid, Barcelona, Athletic de Bilbao, Real Sociedad o Atlético de Madrid). Ahí esos fanáticos saben que tienen un caldo de cultivo que se cocina solo. El problema es que un día pase algo de lo que todos nos podamos arrepentir.

Y es que, por ejemplo, suponen todo un riesgo ir al Reyno y estar en el fondo con una camiseta o una bandera del Real Madrid. Las imágenes tomadas por los compañeros de Cuatro donde se veía a dos ‘valientes’ tratando de quitarle una bandera a una familia que animaban a los merengues supone hasta extremos insospechados un ejemplo de fanatismo elevado a la enésima potencia. Los mismos tipos que exhiben una pancarta con el lema de Gora ETA o pidiendo el reagrupamiento de los presos etarras, son los primeros que se la tienen jurada a los hinchas de muchas aficiones, pero la del Madrid de manera muy especial.

Por eso, la valentía de Hermel hay que valorarla en su justa medida. Aquí intentamos desviar el tiro de cámara, tratar de disimular lo indisimulable y, en último término, mirar hacia otro lado como si el problema dejase de existir por no hablar de él. Insisto, no se trata de meter a todos los osasunistas en el mismo saco, pero tampoco hacer como si la normalidad imperase. Y lo que vale para el Osasuna, evidentemente, nos sirve, lamentablemente, para Anoeta o San Mamés.

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