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Blanca y en botella...a la calle

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El Ayuntamiento de San Cristóbal de La Laguna debe desalojar inmediatamente a su alcalde, al nacionalista Fernando Clavijo, tras perpetrar un esperpento más propio de una república bananera que de un lugar serio. Y es que el primer edil de la Ciudad de los Adelantados ha decidido por los reales decretos que le confieren su egregia persona que no había lugar para darle una patada en salva sea la parte a la ya ex concejal de Servicios Sociales de este coqueto municipio tinerfeño, Blanca Pérez, tras haber sido sorprendida conduciendo hace sólo unos días bajo los efectos del alcohol y transgrediendo gravemente las normas de tráfico, el presunto intento de huida y la inicial intención de utilizar su condición de cargo público al solicitar la presencia de su homólogo en el área de Seguridad Ciudadana. Los 1.800 euros de multa y la retirada del carnet le han supuesto que ahora ocupe el área de Presidencia. ¡Toma castaña!

Evidentemente, aquí nadie es santito de estampita y todos pueden cometer errores. Ya lo decían los sabios romanos, “Errarem humanum est”, que errar es de humanos, pero también lo es asumir las consecuencias de determinadas acciones y cuando eres una servidora pública has de dar ejemplo y esta señora, Doña Blanca Pérez, actuó en una mezcla de Farruquito, intentar largarse a toda pastilla de la acción policial, y luego ponerse en plan Julián Muñoz, es decir espetar eso de “usted no sabe con quién está hablando”. En definitiva, que lejos de darle una soberana lección el alcalde, lo que ha hecho es darle otra responsabilidad…supongo que hasta que vuelva cargada hasta las cejas de otro boncho en un guachinche del norte de Tenerife…y eso si antes no le arrea a alguien por detrás, que todo es posible en la viña del señor Clavijo.

Quizá a este peculiar alcalde con ínfulas de mencey de las siete estrellas verdes no le han explicado que en condiciones similares otros cargo públicos y de diferentes partidos han puesto no sólo su cargo a disposición, sino que se han largado avergonzados de su acción (salvo Nachete Uriarte, que siguió como diputado en el Congreso). Pero ejemplos hay el ex alcalde de Trujillo (Extremadura) José Antonio Redondo (PSOE); el ex alcalde socialista de Siero (Asturias) Juan José Corrales; o el ex portavoz del PP en Arganda del Rey (Madrid) Manuel Cercadillo.

Pero Clavijo es distinto, aquí se tira mucho de popularidad y enseguida se pidió clemencia para la ‘buena’ de Blanca Pérez, como si la fueran a llevar al matadero. Estamos de acuerdo en que no pasó nada, que no hubo accidente ni heridos ni muertos, pero pudo haberlos y eso ya es suficiente para que alguien que ostenta un cargo público tenga la decencia de presentar su dimisión y además rechazar cualquier componenda para estar en otro cargo. Pero claro, igual (y hablo desde el desconocimiento, apunto) Blanca Pérez es incapaz de ganarse la vida fuera de la esfera pública y no es capaz de rechazar la tentadora oferta de Clavijo. Por tanto, aquí ya no sólo es culpable la edil, sino su jefe, Fernando Clavijo, que le ofrece una nueva responsabilidad de Gobierno. Por eso no sólo tiene que marcharse esa política, sino también, y en primer lugar, el propio regidor lagunero. Pero claro, aquí lo de dimitir es un verbo que conjugan cuatro para mayor sorna de quienes incumplen y se pasan la ley por el arco del triunfo.

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