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Los buenos principios (teóricos) de Margallo

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Acierta de pleno el señor García Margallo, ministro de Exteriores del Gobierno de España, al señalar que él, al contrario de lo que hacían sus antecesores en el anterior gabinete, Moratinos y Jiménez, no puede reunirse con la dictadura cubana si al mismo tiempo no tienen posibilidades de mantener encuentros con la disidencia y con las Damas de Blanco.  

Es de agradecer este tipo de gestos por parte de quien tiene la responsabilidad de la política internacional de nuestro país. En los últimos años, la diplomacia española se había convertido en una especie de alfombra persa que se desenrollaba al paso de cada sátrapa, de supuestos líderes exteriores al estilo de Castro, Chávez, Mohamed VI, Evo Morales o Rafael Correa, personajes que, como todo el mundo tiene bien claro, no son, ni mucho menos, paladines de la democracia, precisamente. Más bien, todo lo contrario y que en cuanto pueden nos dan una gran patada en salva sea la parte, especialmente a través de la expropiación de nuestras empresas.

Lo de Cuba, es verdad, ha sido especialmente sangrante. El inefable Miguel Ángel Moratinos hizo todo lo posible por castigar a la disidencia cubana, desprecios absolutos, ninguneos constantes y una complicidad pornográfica con los hermanos Castro. Nunca se escuchó una mala palabra de los ministros de Exteriores de Zapatero hacia esos regímenes tiranuelos. Todo lo contrario, siempre eran parabienes y, de milagro, no llegó a darle el título de inventores de la democracia, pero vamos, le faltó el canto de un euro.

Esperemos que las palabras de Margallo tengan luego continuidad en los hechos. Estamos ante una situación espléndida para demostrar que algo está cambiando, que España puede ser un país serio en sus relaciones internacionales, que podemos codearnos con esas grandes potencias, aunque evitando también, dicho sea de paso, imágenes en las que se podía ver a un Aznar poniendo los pies en la mesa mientras en animada conversación con Bush intentaba arreglar el mundo. Ni podemos supeditarnos a los demás, pero tampoco es cuestión de ir ofreciendo una estampa de los más chulos del barrio. La diplomacia es un arte y no vale cualquiera. De momento, el señor Margallo para entender la teoría. Sólo falta ponerla en práctica.

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gravatar.comAutor: Máximo Medina

Margallo me parece uno de los ministros más preparados del Gabinete Rajoy. Sabe lo que quiere y también conoce la manera de cómo conseguirlo, además de la mano de una diplomacia digna de mejor causa. Hasta ahora no le he visto sacar los pies del tiesto y ojalá que se mantenga así, no sólo por el bien de su gestión, sino la de España en el mundo. La política exterior es tan importante como la económica, más que nada porque muchas veces van entrelazadas. Además, García Margallo tiene imagen, no como sus precedesores que parecían más unos chavales con juguetes nuevos que otra cosa. Parece evidente que Rajoy ha acertado plenamente con su nombramiento.

Fecha: 07/05/2012 23:29.


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