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Concepción: El empresario tranquista del año

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Miguel Concepción va camino de establecer un récord Guinness empresarial que muy pocos pueden conseguir en esta vida, al menos si limitamos la concesión del galardón a las Islas Canarias (San Borondón incluido) y si quitamos del concurso a Fernando Peña Suárez, otro pseudoempresario que pulula por esos lares y cuyo único fin es apropiarse de empresas para vaciarlas de contenido, de continente, no sin antes llenarlas de deudas y atascar los juzgados de trabajadores que no ven un solo euro de la labor realizada, indemnizaciones y liquidaciones al margen, claro está.

Pero bueno, hoy no toca hablar del infame y falsario constructor, sino del que fue el empresario de moda en el Archipiélago, el señor Concepción Cáceres, y que, o mucho cambia la situación, o está abocado a convertirse en un nuevo bluff empresarial, alguien que fue encumbrado con la misma rapidez con la que ahora puede caer para el piso y ser pisoteado sin piedad por quienes un día fueron despreciados por la altanería de un sujeto cuyo principal aval ha sido gozar de los favores de Paulino Rivero. Por esa vía se entienden muchas cosas, a veces hasta demasiadas.

Y es que el señor Concepción, que hasta entonces era un empresario medianamente conocido por Traysesa y por Islas Airways, se convirtió en el referente de moda en las Islas tras un almuerzo en un famoso restaurante del norte de Tenerife donde Rivero convocó a las fuerzas vivas del empresariado tinerfeño para conseguir que alguien se hiciera cargo del un por entonces moribundo CD Tenerife que malvivía en la Segunda División, en zona de descenso y sin cúpula directiva, ya el otro ‘genio’ de las finanzas, el señor Ascanio, decidió una mala noche ferrolana poner pies en polvorosa y dejar al conjunto del Heliodoro como un solar.

 Con Concepción, el equipo de fútbol logró el ascenso a Primera en tres temporadas y su aerolínea empezó a tener una notoriedad de tal calibre que hasta su más directa competidora, la entonces casi intocable Bínter Canarias, vio como su cuota de mercado se veía seriamente en peligro ante las estrategias de un empresario palmero que parecía haberse convertido en el nuevo Rey Midas del Archipiélago. Todo lo que tocaba, lo convertía en oro.

Sin embargo, esto de llegar a los cielos de la Primera División y cogerle el gusto a las cámaras y a descuidar la gestión fue el principio del fin de su prestigio. Deportivamente, pensó que con dos parches mal dados el mismo plantel que se paseó por Segunda iba a poder sobrevivir sin agobios en la élite. Aún así, el equipo estuvo a un tris de conseguir la permanencia, pero fue tan duro el palo que el conjunto blanquiazul cayó en dos años del cielo al infierno de la Segunda B. Y el señor Concepción seguía a lo suyo, como si el equipo no le importase ya lo más mínimo, pero lo seguía utilizando para seguir proyectando su imagen pública.

El problema para el empresario palmero fue que la crisis deportiva dio el salto al área económica y de repente todos los males empezaron a cebarse con Islas Airways. La aerolínea empezó a sufrir graves síntomas que han desencadenado finalmente en una situación de impagos a la plantilla, desde los pilotos, al último auxiliar administrativo. Tras varios meses de no percibir la nómina, Islas Airways ha tenido que cancelar decenas de vuelos, la amenaza de cierre se cierna sobre la empresa porque, amén de las deudas con los empleados, no hay, siquiera, para pagar reparaciones básicas en los aviones (e imagínense ustedes lo que puede suponer volar en esas condiciones). Lo mejor de todo es que mientras nadie cobra en Islas, el señor Concepción y familia se fue a ver el partido del Tenerife frente al Real Madrid C en Air Europa y no precisamente en clase low cost. Tiene retranca el amigo, pero desgraciadamente, como les decía al inicio del artículo, no es el único que tiene este comportamiento tan desahogado.

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