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Hay que intervenir la sanidad canaria

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La sanidad canaria va de mal en peor. El último informe presentado en el Parlamento de Canarias por parte de la Consejería de Sanidad del Ejecutivo de Paulino Rivero ha supuesto tal insulto de proporciones y dimensiones colosales para los profesionales de la medicina que han decidido poner las cartas sobre la mesa y decirle alto y claro al Gobierno regional que aclare de dónde sale la reducción de las listas de espera cuando, sencillamente, por una simple ecografía, pueden darte cita para dentro de seis o siete meses, una prueba para la que no había que aguardar más de dos semanas, dicho lisa y llanamente.

Lo que sucede en materia de sanidad en el Archipiélago es como para hacer una tesis doctoral. Todas las legislaturas han consistido en una especie de engaño, de tomadura de pelo a la ciudadanía que siempre se tapaba, Dios mediante, con una serie de informes favorables a la administración donde, por arte de magia, desaparecían miles de personas de unas listas de espera saturadas hasta lo intolerable. Sin embargo, como dicen los expertos en limpiar y en controlar a quienes tienen a su cargo, el hecho de esconder la porquería no quiere decir que esta haya desaparecido, sino que está ahí a la espera de volver a sumergir y explotarle en toda la cara a los (ir)responsables de este desbarajuste asistencial.

De hecho, el propio Colegio Oficial de Médicos ya se ha pronunciado al respecto y ha salido al paso de las mentiras de un Gobierno que vende como logro lo que es un completo insulto a la inteligencia. ¿Cuántos casos no ha habido en los últimos años de personas que han fallecido a la espera de una prueba diagnóstica? Seguro que al lado suyo tienen a un vecino que ha pasado por esta tesitura o incluso en su propia casa. La astracanada viene cuando dos años después del deceso una voz cantarina le llama para decirle que ya tienen cita para hacerse tal o cual prueba…¡a buenas horas, encantos!

Por aquí han pasado Julio Pérez, Julio Bonis, Rafael Díaz, Mari Mar Julios, Mercedes Roldós, Brígida Santana y toda una suerte de verdaderos ineptos, independientemente de las siglas del partido al que representasen, que han hecho de la sanidad canaria una de las peores ya no de España, sino del planeta Tierra. Normal que quienes tienen vocación por cuidar de nosotros acaben en otros puntos de la geografía nacional o prefieran el sector privado. Porque, desgraciadamente, muchas veces cargamos nuestra ira y frustración sobre quienes no tienen culpa, los profesionales del sector, que encima tienen que aguantar no sólo a los inútiles del despacho oficial, sino también nuestras quejas.

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