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La crisis del voleibol femenino canario

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El voleibol femenino en Canarias está de capa caída. No hace muchos años, precisamente, las Islas eran poco menos que la pesadilla para los rivales de la Superliga. El megadominio del Tenerife Marichal, con las incursiones del Hotel Cantur y, poco después, la entrada en escena del Aguere, hicieron que cualquier otro outsider, ya fuese el Damesa de Burgos, el Benidorm o el UCAM Murcia se viesen relegados a repartirse las migajas. Eran finales de los años 90 y hasta bien entrados los primeros años del siglo XXI cuando nadie se atrevía a poner en tela de juicio la superioridad del voleibol archipelágico.

Sin embargo, los éxitos emborracharon a quienes tenían la responsabilidad de velar por una adecuada política de cantera. Las mejores y más prestigiosas jugadoras vinieron a jugar a Tenerife o a Gran Canaria, percibiendo grandes emolumentos. Los triunfos y la superioridad en varias fases de los campeonatos debían haber provocado que los dirigentes o los responsables técnicos hubiesen sacado y dado oportunidades a la gente de las categorías inferiores. Pero no, no se hizo así y algún que otro valor ha hecho las maletas en busca de más relevancia sobre la cancha.

Así las cosas, una vez se acabó el parné, todos los equipos canarios de la categoría femenina de la Superliga de voleibol han ido de capa caída, en claro retroceso y con muchas opciones de acabar desapareciendo. Competir en una división nacional es muy caro y más aún cuando tienes que desplazarte a Madrid y luego a otros sitios donde, o bien no hay aeropuerto, o las conexiones tienen horarios imposibles.

Quizá, dentro de esta lacerante crisis, habría que aprender de ejemplos como el del CV Haro, un conjunto que poco a poco ha ido abriéndose un hueco en la élite, que ya se ha llevado una Supercopa y una Copa de la Reina y este año tiene todos los pronunciamientos para llevarse a sus vitrinas el título de Liga. Todo, evidentemente, gracias a una política de austeridad en el presupuesto y de saber confiar básicamente en el producto nacional, en jugadoras de nuestra tierra. Y es que sólo tienen en nómina a una jugadora de Barbados y a otra de Cuba. Los equipos canarios, en su buena época, eran una representación más propia de la ONU.

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