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Los habitantes de la Celgán se abren a un nuevo futuro

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Ya se ve la luz al final del túnel. Por fin empiezan a recibir las llaves de los pisos de alquiler las personas que permanecían alojadas en la antigua fábrica de Celgán, en Santa Cruz de Tenerife. Los primeros afortunados son una hija y su familia, pero en breve se procederá a buscarles vivienda a otros tres ‘habitantes’ de este vetusto local. Sin duda, una buena noticia dentro de un marasmo de reveses continuos, especialmente porque estas personas veían como pasaban las semanas y la burocracia se estancaba de una manera tremenda. Pero bueno, parece que todo empieza a tomar buen color.

Obviamente, estos ciudadanos no son los únicos que se alegran al ver cómo van a poder vivir de forma decente a partir de los próximos días, sino también las personas que, de manera anónima, denodada y voluntariosamente han estado echando algo más que un cable a gente que no conocían de nada, pero que se han implicado hasta tal punto que casi que había una comunicación permanente las 24 horas del día, los siete días de la semana, para poder echar una mano siempre que fuera preciso.

Estas almas caritativas son, por ejemplo, miembros del Proyecto Hoy (que se presenta en sociedad el próximo sábado 20 de abril de 2013 en San Cristóbal de La Laguna a las 12.15 en el Convento de Santo Domingo) que estaban pendientes a cada momento de saber si a estas personas les hacían falta bebidas calientes, agua, comida, mantas o incluso hasta medicinas. Gracias a este colectivo, junto con un político de la talla y de la raza de Guillermo Guigou, consiguieron del Ayuntamiento capitalino un compromiso en firme para poner remedio al drama por el que estaban pasando estas personas y a fe que lo han logrado.

Por supuesto, esto es una pequeña-gran victoria, pero conociendo el espíritu de las personas que conforman esta gran idea llamada Proyecto Hoy, tarde o temprano también tomarán en consideración otros casos. Y es que adonde la administración es incapaz de llegar, al final es la gente de buena voluntad, a la que no le importa sacrificar su tiempo para echar una mano a quienes más lo necesitan. Eso da gusto, más en tiempos como los que corren, donde la caridad brilla por su ausencia.

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