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'Rajoytanic'

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El barco se hunde, pero el peculiar capitán Pescanova que comanda la nave, el pontevedrés Mariano Rajoy, se resiste a reconocer los hechos. Al igual que el terco que dirigía el Titanic hacia un choque seguro contra el iceberg, el inquilino de La Moncloa está llevando a los españoles al verdadero triángulo de Las Bermudas, de tal suerte que en año y medio ha conseguido la cuadratura del círculo, que hacer desaparecer por arte de magia (y de incompetencia) casi un millón y medio de empleos. Un verdadero derroche de facultades de un político incapaz y que ni tan siquiera puede presumir de mantenerse firme a sus promesas. Su verdadero slogan es ‘no me crean, que si os hablo os miento’.

España está en una situación devastadora, con seis millones y pico de personas buscando cómo poder ganarse la vida, como alcanzar el parnaso de llegar a casa y asegurarse, al menos, un plato de comida caliente. Rajoy nos ha embarcado en un viaje de locos, una montaña rusa de la que nunca salimos y, encima, casi toda es en bajada hacia la ruina más absoluta. Y lo peor de todo es que se atisba que en cualquier momento dejará de haber carriles guía y nos daremos un batacazo aún mayor del que nos está produciendo el vértigo ya en sí de ver debajo de nuestros pies un gran agujero negro.

E insisto en un argumento esencial, que si estamos como estamos no es ya por la manida, sobada y requetocada herencia recibida. En absoluto. Para eso casi 12 millones de españoles fueron a las urnas un 20 de noviembre de 2011 a votar al PP, para que cambiase la situación. Si también estamos como estamos es porque en el otro lado de la barricada no se ve a nadie o, mejor dicho, si se ve, pero como si no existiera. El PSOE, que debería estar haciendo oposición, se la está haciendo así mismo. Rubalcaba enfrentado a los Pachi Vázquez, Patxi López, Eduardo Madina, Tomás Gómez o Pere Navarro. Todos ellos luchando por las migajas de Ferraz. Son como una orquesta del Titanic, tocando y tocando absurdamente mientras la nave se hunde.

Y es que el patrón de Moncloa se ha empeñado en querer resolver él solo los problemas y al final no sólo no soluciona nada, sino que además está provocando que la vía de agua sea mayor y que España entera sea un ‘Sálvese quien pueda’. Mucho me temo también que ni habrá suficiente flotadores ni botes salvavidas. Y los que hay, no les extrañe que acaben pinchados por la tijera de Merkel.

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