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Desde mi escaño

El taxista avieso de la T-4

El taxista avieso de la T-4

Ser taxista no es una profesión para tomársela a la ligera. Al igual que un cirujano tiene que saber a la perfección qué se trae entre manos, cómo debe practicar una incisión, cómo abrir en canal al paciente o cómo extraer un órgano, el profesional del volante debe conocer de primera mano las calles de su ciudad o, cuando menos, llevar un navegador que le ayude, sobre todo porque las grandes ciudades como Madrid han crecido una barbaridad y no podemos pedir que lleven el mapa perfectamente empollado en la cabeza.

Sin embargo, una cosa es ser comprensivo con las dudas de un taxista sobre un determinado destino y otra es que esté al frente del volante un completo inepto que, además, llevaba de serie una mala educación que al final hace que un cliente poco habitual del servicio del taxi pueda poner a caldo pota a toda la profesión. Ya saben la máxima, si eres atendido de forma desconsiderada por un funcionario, ese mala gestión repercutirá en todo el funcionariado. La mala praxis de uno lleva a la idea generalizada de que todos los empleados públicos son un desastre. Pues con el taxi sucede igual.

Lo cierto es que hace unos días, en la terminal de llegadas de la T-4 de Barajas, una familia se dirigía a coger un taxi. Lo bueno que tiene el aeropuerto es que el sistema está perfectamente organizado, pero lo que se les escapa a su control es quiénes son determinados elementos que están al volante. Si bien hay profesionales, gente honrada y honesta a carta cabal, conocedores de su profesión que saben perfectamente llegar a todos los rincones, hay otros, como este jeta, que intentan ganarse unos dineros de más y encima responsabilizar al cliente de su incapacidad.

Pues eso es lo que le sucedió a esta familia que se topa con un señor, extranjero para más señas, que ya empieza por no saber llegar a la calle que le habían dicho. Le dan como referencia que pase por IFEMA y el tipo, ni corto ni perezoso, se salta el desvío y cuando uno de los clientes le dice, "oiga, usted se ha pasado de largo", el avieso tipo responde, "usted tendría que estar atento, es su obligación". Sí, como lo leen. Este taxista, que más bien estaría disfrutando de una subarrendada licencia, pretendía que el pasajero fuese quien le indicase por dónde ir. De traca.

Claro, esto te hace reflexionar sobre otro aspecto, ¿las licencias de taxi se reparten ahora en una feria tirando una montaña de botes? ¿No hay exámenes para conocer a fondo la ciudad? ¿Es que se ha relajado el Ayuntamiento de Madrid en este aspecto? Pues estas cosas son las que se acaban cargando cualquier promoción turística y hasta unos Juegos Olímpicos.

3 comentarios

María -

Es lo que se llama un "pofesional" .
Y si encima era extranjero ya ni te cuento lo pofesional que será. ¿Cómo se va a conocer las calles de Madrid? Pero seguro que conoce las oficinas del INEM o SEPE. Hay que tener cara.
A estos lo ideal es decirles, cuando acabe la carrera: "enséñame tu licencia" y si no la tiene, denunciarle, o mejor aún: "pues ahora no te pago, mira, por listo" y así seguro que se lo piensan antes de intentar timar a la gente ...


@MMariaSp

Máximo Medina -

Una de las primeras veces que fui a Madrid me ocurrió algo parecido a lo que usted narra en este artículo. Lo mío fue más sangrante, porque el taxista en cuestión me recogió en la terminal de Barajas (no existía la T4 ni se le esperaba) y me dejó tirado con maletas y todo en la M-30 alegando que el coche tenía algún problema. Eso sí, me llamó otro taxi que me trasladó hasta Madrid. Ya en la capital, unos amigos a los que visité me dijeron que era un viejo truco de cobrarte la salida del aeropuerto y regresar (el taxista, claro) de nuevo a la terminal a buscar otro incauto. Es obligatorio terminar la carrera, salvo en caso de avería del coche, pero no era el caso, porque el taxi siguió de largo. Eso sí la siguiente vez que regresé a la capital de España no me pasó lo mismo, porque le advertí al taxista que no iba a permitir que me dejara tirado en cualquier cuneta. El profesional del volante se me quedó mirando y me dijo: "¿por quién me ha tomado?". Para luego añadir algo así como que aquí no somos todos iguales. Un aprendizaje más de la vida para intentar localizar a los 'listillos' y separarlos de los honrados. La verdad es que nunca más me volvió a pasar en diferentes viajes. Pero ahí queda la anécdota.

Visitante -

Pues mire usted que la semana pasada fui a Madrid, y cogí un taxi al salir del hotel con la intención de que me llevara ocho manzanas más abajo. En taxi se puede llegar pronto, pero andando era una tirada y estaba cansado. Pues ahí va eso: al salir del taxi, después de pagar, como siempre nos despedimos con un buenas tardes, y el tipejo no se dignó a decir ni mú. Se ve que no le hizo gracia tan corto recorrido, que dicho sea de paso, fueron 5 euros. La licencia no sólo da el derecho de explotar el servicio público del taxi, sino que obliga a dar tal servicio. Algo que algunos ignoran o quieren ignorar, pero que al menda no le van a torear. No sólo da mala imagen del taxi, sino de la ciudad también.