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Tahití, ¿otro negociete de la FIFA?

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No es de recibo. No puede consentirse en una sola competición más que tenga ínfulas de seriedad que se produzcan hechos como el vivido hace sólo unos minutos en el Estadio de Maracaná. El 10-0 que han encajado los jugadores de Tahití ante España supone toda una afrenta. No es que la selección oceánica no tenga derecho a participar en este deporte, pero está claro que la FIFA ha decidido hacer negocio al precio que sea y permitir que un combinado que difícilmente obtendría la permanencia en nuestra Tercera División pueda jugar este tipo de torneos.

Cierto es que Tahití no tiene mayor culpa de que el nivel de su zona sea poco menos que mediocre y de que Nueva Zelanda, que anduvo en esta ocasión más avispada, no estuviese demasiado motivado en ese torneo que, posteriormente, permitía al ganador disputar esta edición de la Copa Confederaciones. Sin embargo, el hecho de que se quiera contar por parte del organismo de Blatter con un representante de cada continente genera, en campeonatos de este calado, un verdadero bochorno con resultados que son más propios de torneos de prebenjamines.

Precisamente lo decía unas horas antes uno de los goleadores de esta noche, Fernando Torres, que la Selección Española no podía pararse a pensar si cuando ya fuese ganando por 4-0 habría que echar el freno de mano. Que, al fin y a la postre, malo era salir para los jugadores tahitianos salir de la cancha goleados, pero aún peor era que se fuesen del terreno de juego con la sensación de que su rival había optado, en un falso gesto misericordia, no acelerar más de la cuenta para no dejar instalado en el electrónico una goleada de las que hacen las delicias de los amantes de la estadística.

Al final, sólo fueron diez los goles los encajados por el combinado oceánico, pero la realidad que deja entrever esta paliza es que la FIFA, si quiere mantener el actual formato, debería, en todo caso, enfrentar previamente al campeón oceánico con, por ejemplo, el segundo de Asia, Europa, América o de África. Fíjense ustedes que hasta la selección australiana ha optado por ser encuadrada en la zona asiática porque, aparte de tener más plazas para un Mundial, consigue mejorar su ambición deportiva. Tahití, curiosamente, tiene en su haber la mayor goleada de la historia en partido oficial, 30-1 a las Islas Cook, así que si el combinado que está de convidado de piedra en Brasil es como es, imagínense el resto de formaciones del entorno.

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