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Cayucos: El drama que no cesa

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La llegada de un cayuco al puerto de Los Cristianos, en el sur de Tenerife, vuelve a suponer una llamada de atención a nuestra sociedad. Sí, nosotros, primer mundo, pese a estar en crisis, tenemos prácticamente a poco más de un centenar de millas a millones de personas que lo están pasando mucho peor que nosotros, gente que vive diariamente en la eterna lucha de no saber si llegarán al día siguiente. Si no mueren en una guerra tribal, lo harán por un denodado esfuerzo en las grandes plantaciones, serán víctimas de una mina antipersonas o fenecerán por simple inanición, por falta de agua o de acceder a recursos tan básicos como una aspirina.

Desde mediados de 2009, más o menos, habíamos dejado de tener constancia en Tenerife de la llegada de este tipo de embarcaciones. Las mafias que controlan este mercado de personas habían optado por nuevos destinos y potenciar la llegada de nuevo a distintos lugares de la costa mediterránea, aprovechando que gran parte de los dispositivos se habían desmantelado de las costas almeriense y granadina para situarse en las Islas donde todos los días teníamos constancia de la llegada de varias barquillas con cientos de personas a bordo tratando de escapar de un drama para caer en otro, en el de su localización a pocas millas de la costa y su posterior paso por los centros de internamiento hasta ser devueltos a sus lugares de origen.

Los 26 ciudadanos de Mali y Gambia que llegaron ayer sábado, 24 de agosto de 2013, al puerto de Los Cristianos, correrán la misma suerte que los miles que se jugaron la vida y sus cuartos en años anteriores, acabarán de retorno en sus países y cuando vuelva a reunir una cantidad razonable volverán de nuevo a poner en manos de unos desaprensivos su cuello. Es evidente que estamos ante un drama de muy compleja resolución, máxime porque estamos hablando de gobiernos dictatoriales, bananeros y que bajo ningún concepto desean prosperar porque lo único que desean es el autoenriquecimiento a costa de masacrar a sus ciudadanos.

Eso sí, dentro de toda esta gran desgracias, contamos con unos efectivos voluntariosos dentro de la Cruz Roja y Protección Civil que, al menos, tratan de hacer lo más agradable posible esos primeros instantes de confusión y de desaliento a unos pobres inmigrantes que ven como su sueño de empezar una vida mejor se ha hundido por completo. La pena es no poder meter mano a unas mafias que, con la complacencia de esos gobiernos dictatoriales, siguen haciendo su agosto a costa de unas vidas humanas que para ellos no parecen tener valor alguno.

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