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Elena Alfaro: una madre coraje ante la dictadura editorial

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La vuelta al colegio siempre supone un verdadero trauma para los sufridos padres con un desembolso en ropa, material escolar, comedores, transporte y, sobre todo, los carísimos libros de texto. Décadas atrás, cuando los manuales escolares no eran considerados como un negocio lucrativo para las editoriales, los libros pasaban de un hermano a otro. Prácticamente, durante casi un lustro, a poco que se fuese bien cuidadoso, un ejemplar de matemáticas, de historia o de ciencias naturales podría valer perfectamente para tres o cuatro cursos.

Sin embargo, la avidez de las editoriales, en connivencia con los centros escolares y un Gobierno que lo ha consentido, hizo que, de repente, el libro de Física y Química ya no tuviera validez de un curso para otro. Se cambiaban una serie de aspectos lo ¿suficientemente relevantes? como para obligar a los chavales, previo paso por caja de los progenitores, a comprar el nuevo ejemplar y desechar el que había usado hace sólo dos meses su hermano mayor.

Afortunadamente, no siempre hay quien acepta pasivamente esta situación y ha tomado cartas en el asunto para que, por lo menos, desde las altas instancias del Estado, se tome conciencia del abuso que se estaba produciendo y se adopten las medidas necesarias para evitar que las editoriales se lo lleven a manos llenas a costa de un derecho primordial como es la educación de nuestros niños y jóvenes.

Esta persona responde al nombre de Elena Alfaro, una valerosa madre de dos hijas que ha conseguido reunir 116.000 firmas ciudadanas para exigir al Gobierno de Mariano Rajoy una normativa que imponga en todos los colegios públicos y concertados de España sistemas de reutilización de manuales, como los bancos de libros, a fin de que las familias no tengan que comprarlos o que, en todo caso, paguen un precio justo por ellos.

Además, dicho sea de paso, ¿en qué cambian las matemáticas, las ciencias, el inglés o el lenguaje de un curso para otro? En nada, absolutamente en nada. Las editoriales siempre han aducido como un hecho incuestionable que la Historia, por ejemplo, cambia tan a pasos agigantados que no hay más remedio que incluir apéndices todos los años. Cierto, ¿pero en realidad se llegan a terminar los manuales después de nueve meses? Uno recuerda sus años de EGB, con Sociales los cinco días de la semana y nunca llegamos a concluir el texto de marras, siempre se quedaba una parte por ver, así que imagínense hoy en día, con un sistema educativo que está a la cola mundial. Pero en esto parece haber consistido la educación en España, en mero negocio para unas empresas editoras mientras el Ejecutivo mira hacia otro lado a la hora de inculcar la cultura del esfuerzo y de dotar de calidad la enseñanza que reciben las nuevas generaciones.

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