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Desde mi escaño

Las señales del derroche

Las señales del derroche

Después de algunas semanas por Tenerife y tras contemplar en qué estado se encuentran ciertas cosas, ha llegado el momento de poner negro sobre blanco y preguntarse por qué el Cabildo se ha gastado millón y medio de euros en 600 paneles meramente decorativos con las imágenes de municipios, El Teide, Anaga o el Auditorio de Santa Cruz de Tenerife. Hagan cuentas, pero cada uno de estos chismes puestos por la administración que aún preside el señor Ricardo Melchior ha costado la friolera de 2.500 euros por barba barbilla, un completo dislate y un despilfarro que no creo que en una isla donde decenas de miles de personas hacen colas kilométricas para poder tener un plato caliente en un albergue se pueda permitir tal gasto.

Durante muchos años todo el mundo, propios y turistas, han sabido dónde está el Teide, la cordillera de Anaga, Los Silos, Garachico o La Laguna. Además, digo yo, para eso existe la señalización vertical puesta en su momento. Pero claro, el problema en cuestión radica en que, digo o supongo yo, tal vez era necesario hacerle un favorcito a un amiguete, a una empresa que tenía que sacar esos panales fuera de su almacén y el Cabildo, una ONG con sus allegados, fue presta y veloz al rescate.

Además, ya puestos, alguno de estos carteles crean una tremenda confusión, sobre todo entre quienes nos visitan por primera vez, ¿a quién se le ocurre poner los paneles de Anaga en plena autopista del Norte yendo en dirección a Tacoronte? ¿O el del Teide en una ubicación similar? Más de un turista se ha hecho un verdadero lío pensando en que estaba ya llegando al Parque Rural de Anaga y que éste estaba atravesado por una autopista. De locos, vamos.

Aparte de todo, dejando a un lado la necesidad o la oportunidad de haber colocado estos paneles, lo cierto es que las imágenes escogidas tampoco son de lo más espectacular. Ya que al menos costó cada cartelín de estos a razón de unos 2.500 euros, ¿por qué no se pidieron mejores fotografías o pinturas? La del Teide o la de Anaga, por ejemplo, son para enmarcarlas, pero por lo poco o nada que realmente impactan. Es decir, artísticamente, tampoco son la panacea y encima, insisto, su utilidad es casi nula, pero alguien se ha llevado tan ricamente un millón y medio de euros, que parece que es lo que importaba al fin y a la postre.

2 comentarios

Harto del mamoneo -

El consejero José Luis Delgado explicaba en televisión (Mírame) que eran necesarias para los foráneos, no para los residentes. Y yo me pregunto que, echando un vistazo atrás, y recordando todos los países en los que he estado, no menos de seis, y ya localidades ni te digo, el turismo no ha necesitado nunca de fotos tan horteras y carteles tan caros para encontrar las cosas y lugares de interés. Para eso inventaron las oficinas de información, folletos, planos, etc.
Aquí todo es un disparate de gastos a costa del contribuyente, con una vergonzosa tasa de paro del 31% y sin aplicar fondos ni medidas efectivas que lo pare y disminuya.
Vaya mierda, con perdón, de politicuchos tenemos, con unas miras tan cortas y llevando a cabo un despeluche de las arcas en memeces. Y dada la situación que vivimos de corrupción, siempre nos queda a los ciudadanos la sombra de que nos están robando, de que alguna comisioncilla puede haber por ahí, que quizá sea la empresa de alguno de ellos con un testaferro al frente, etc. Porque no nos olvidemos, aquí, pese a todo lo que está saliendo a relucir de la casta podrida de políticos-garrapata, nadie devuelve un duro, ni tampoco va a la cárcel. Todos se tapan entre ellos. Y el que va a la trena, poco dura ahí dentro, con la fiscalía defendiéndolos como abogado de la defensa y el mobbing descarado a los jueces que se atreven a investigarlos de verdad y a fondo.

Máximo Medina -

Yo pienso, amigo Velarde, que en el Cabildo tinerfeño han pensado aquello de que en algo hay que gastar por mucha crisis que tengamos, porque si no es imposible explicar la colocación de esos paneles informativos. No vienen a cuento en época de crisis, ni tampoco en tiempo de bonanza, pero claro, son nuestros representantes los que deciden lo que hacen con nuestros impuestos. Y punto pelota.