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Botín: Un Rodrigo para pasar el Rato

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Hunda usted una empresa y sea contratado inmediatamente por otra. Ese debe ser el 'modus vivendi' del otro cerebro y autor (presumiblemente) del milagro económico del Gobierno de Aznar, el señor Rodrigo Rato. Después de haberse cargado Bankia y dejar a miles de preferentistas mirando al tendido y reclamando responsabilidades a no se sabe quién, llega el señor de las chaquetas imposibles, Emilio Botín, y lo ficha como asesor internacional del Banco Santander. Obviamente no es contratado por esta entidad financiera por sus evidentemente nulos conocimientos sobre cómo gestionar un banco, sino porque su agenda de contactos debe valer oro.

Lo indignante del caso es que en este país sigue imperando la ley de la doble vara de medir. A cualquiera de nosotros un error de la gravedad de la cometida por Rato no sólo es que nos cueste el empleo actual, es que seguramente no volvamos a trabajar nunca más en el mismo sector e incluso se dudaría bastante de nuestras cualidades incluso para limpiar los parques los fines de semana después de una noche de botellón.

Obviamente, cuando uno entra en una empresa lo hace siendo consciente de que te paguen 100, 1.000 o 100.000 euros al mes tienes que cumplir con tus cometidos y se supone que tienes las actitudes (y aptitudes) para desempeñar a la perfección los cometidos que se te encomiendan y si fallas y el error puede acarrear la ruina de la compañía, obviamente empieza a correr porque no habrá calles en tu ciudad para escapar del despido y de otras consecuencias penales.

Sin embargo, si eres político y te cargas Bankia, no sólo no tendrás la reprobación social, sino que primero te enchufarán en Telefónica y después, cuando la marejada haya pasado, ya vendrá al rescate Botín para ponerte en una división internacional del Banco Santander. Vamos, que es para miccionar y no echar gota. Veremos a ver cuánto tiempo aguanta Rato sin cometer una tropelía en su nuevo cometido, aunque también es verdad, insisto, que a él no le fichan para que invente la pólvora, sino para que le pase los contactos al sanedrín de Botín y, a cambio, le ponen despacho, mesa de madera noble y secretarias para que pueda seguir luciendo ese rostro tan bien lucidito, nada que ver con el de esos ahorradores que le confiaron su dinero y sus esperanzas y que hoy, con un poco de suerte, igual recuperan sólo una parte de lo que en su día depositaron con tanta ilusión.

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