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Las 200 valientes de Mararía

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Existe un dicho que reza que ‘las cosas de palacio, van despacio’. Este aserto, aplicado al Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, sería poco menos que un eufemismo, una exageración, precisamente, porque las gestiones y la cintura política en la Casa de los Dragos no se destaca por su lentitud (ojalá fuera así), sino porque siempre se está a verlas venir y a que los problemas se resuelvan solos o se terminen de pudrir ante la pasividad y la inacción de los ocupantes de la poltrona, en este caso el señor José Manuel Bermúdez Esparza, por la gracia de Dios y gracias al apoyo de los socialistas.

Mires por donde mires, todo son problemas en el consistorio capitalino, cuestiones que nunca se solventan porque para la administración santacrucera lo más sencillo es pasarle la patata caliente a otro ente superior. Siempre habrá un Gobierno de Canarias que sea responsable de que el Parque Viera y Clavijo se haya echado a perder o que la refinería apeste y atufe a los vecinos de la bella Santa Cruz, también un Ministerio de Fomento al que culpar por el retraso en la apertura de los primeros trabajos en la llamada Vía Litoral.

Sin embargo, por mucho que quisiera el señor Bermúdez y su gente escaparse del problemón de las afectadas por el cierre de la cooperativa Mararía, me temo que no va a poder encasquetarle el marrón a otra institución, esa es una cuestión que le corresponde al Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife. Estamos hablando de 200 trabajadoras que de un día para otro vieron como dejaban su tarea, la de asistencia a domicilio, ante las deudas que tenía la cooperativa. Esto ocurría hace más de un año y hasta la fecha el Consistorio chicharrero ha mirado hacia otro lado, importándole un pimiento si estas personas tenían algún tipo de necesidad, si eran las que, económicamente, sostenían a su familia, si podían tener las tres comidas diarias. Nada, desde la calle Viera y Clavijo, desde el pomposo palacio municipal no había ni media respuesta.

Pero, mira por donde, las mujeres de Mararía, pese a su delicada situación, han dicho basta y ayer mismo, 27 de septiembre de 2013, se plantaron en el pleno del Ayuntamiento y volvieron a dar a conocer su desesperada situación. Al menos, aunque desalojadas por la Policía Local cuando reclamaron del alcalde un firme compromiso, nadie tuvo el desahogo desde la bancada del grupo de gobierno de reírse como hace unos días cuando en la comisión de Asuntos Sociales la titular del área, la señora Alicia Álvarez, le dedicó unas sonrisas a una ex trabajadora de Mararía que sólo puede ofrecer a sus tres hijos comida del contenedor de basura. La pena es que las promesas de intentar volver a sacar a concurso la atención domiciliaria tiene pinta de quedarse estancada en el tiempo. Ojalá y me equivoque porque entonces lo celebraría de lleno para que el drama de 200 mujeres quede resuelto por la vía rápida.

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