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Metro de Madrid: deficiencias solventables

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Me parece genial que Metro de Madrid se gaste una pasta gansa en controlar que no haya auténticos caraduras especializados en el método de colarse mientras los demás tienen que pagar un alto precio por el billete sencillo o el abono mensual. Hasta aquí, todo perfecto, ni un solo pero que oponer. De hecho, en determinadas estaciones o accesos no estaría de más que hubiese un vigilante para evitar el chorreo de auténticos jetas que se meten por la patilla en el acceso de Plaza de Castilla para salir a la Avenida de Asturias, justo frente a los juzgados. Al no ser tornos, sino puertas, a veces en lo que uno pone la tarjeta llega un desahogado de estos y se te mete por medio (incluso a veces te deja con cara de bobo porque sólo ha pasado él y a ti te toca entrar por otra entrada, ya que el mecanismo entiende que es imposible que en menos de 30 segundos utilices el billete o la tarjeta).

Sin embargo, dicho esto, me gustaría relatar una serie de deficiencias que son fácilmente solventables y que contribuirían no sólo a un mejor funcionamiento de toda la compleja maquinaria del Metro de Madrid, sino también a que la propia empresa se ahorrase unos milloncejos, que no le vendrían nada mal.

Por ejemplo, las escaleras, ¿habrá algún día en que éstas funcionen correctamente en la mayoría de las estaciones? Será casualidad, pero raro es el día que en Canillas, Ventilla, Mar de Cristal, Plaza Castilla, Usera o Almendrales no tenga uno la oportunidad de encontrarse las dichosas escaleras mecánicas estropeadas. Alguien puede decir que al menos son las de bajada. Cierto, pero, ¿han pensado en esa gente que va cargada de bolsas o que, sencillamente, tienen un problema serio de movilidad? ¿Se tienen que gastar entonces en un taxi o va a ir una taquillera en su auxilio y bajarle a la sillita de la reina?

Luego, lo de los transbordos en esas líneas donde coinciden en el mismo andén dos líneas, por ejemplo la 1 y la 4 en Pinar de Chamartín. Todos los días se escucha la misma cantinela entre los pasajeros. Llegan por ejemplo de la línea 4 y ven que está estacionado el de la 1, ya a punto de salir. Pues bien, en más de una oportunidad es abrirse las puertas en uno y cerrarse literalmente en la cara las puertas del otro. No creo que llegue a 10 metros la distancia a recorrer, ya que es el mismo andén. Aplicando sentido común, se podría regular perfectamente las frecuencias para que los viajes fuesen aprovechados y no tener que esperar a veces más minutos de lo deseable.

Otro punto, el Canal Metro Madrid, un auténtico chorreo de dinero para una televisión que no la ve ni el que la fundó. Muchos trenes están equipados con monitores en los que, o bien están apagados, o sólo se ve el símbolo del Metro. No resulta de recibo gastar una pasta en un canal que no aporta nada y que, dicho sea de paso, en bastantes estaciones ni se ve (y a veces ni siquiera se oye).

Por último, ya que Metro de Madrid se pone muy pijotero con quienes llevan mascotas, tampoco estaría de más que pusiese más atención en esa pandilla de golfos que se dedican a invadir vestíbulos para ponerse a bailar con músicas indescifrables que, aparte de resultar molestas, son el caldo de cultivo para lo siguiente, ponerse a fumar (y no precisamente tabaco). Un guardia de seguridad me comentaba que en la estación de Canillas, por ejemplo, no podían hacer prácticamente nada de los tornos para fuera. Es decir, aquí lo que suceda desde la escalera de entrada hasta la zona donde se tiene que pagar no le interesa a Metro de Madrid. Pues señor Cavero, no sólo hay que vigilar del torno para dentro, también sé es cliente desde que uno pone los pies en el primer escalón de entrada, aunque esto no le guste escucharlo en demasía, claro.

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