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La ilusión de Saida

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La ruindad humana no tiene límites. A veces uno cree que en situaciones límites las personas reaccionan y se olvidan de pensar en sí mismas para hacerlo velando por el prójimo, mostrando un interés inusitado. Pero no. El caso de la joven Saida Prieto, la chica que estuvo a punto de perecer en la gala de elección de la reina del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife, me lleva a la cruda realidad de que seguimos siendo una sociedad muy egoísta, del yo, mí, me, conmigo. A esta jovencita aún no le ha llamado ni el diseñador del traje que provocó el incendio ni la aspirante que llevaba esa fantasía. Total, ¿para qué? habrán pensado el uno y la otra. Lo principal es que sigue la fiesta, que pongan otro tema y que entre en escena la señorita X con la fantasía Y representando a los almacenes Z.

Justo ahora que se cumple el primer aniversario de este fatídico episodio que, a Dios gracias, no acabó peor, ‘El programa de Ana Rosa’ tuvo en primicia a Saida Prieto a la que vimos muy recuperada, aunque aún le queda alguna que otra intervención. Ya ha pasado 14 veces por el quirófano tras esas quemaduras de primer y segundo grado que se cebaron con más del 40% de su piel y, por lo menos, esas idas y venidas al hospital no le han quitado las ilusiones por el Carnaval, donde espera poder tener una oportunidad de volver a tomar parte, así sea en el 2015 o en el 2016. Es más, creo que debería de ser la representante de todo el pueblo de Tenerife porque nadie mejor que ella para representar lo que es el espíritu de las carnestolendas.

Está claro también que si por Saida fuera, ya estaría olvidado en parte ese siniestro episodio, pero la Justicia tiene que seguir actuando y esclarecer todas las responsabilidades que se han derivado, paradójicamente, de la acción o de la inacción de unos irresponsables que pudieron provocar un completo caos en el Recinto Ferial. Quemaron a una chica, pero podían haber causado una catástrofe de proporciones colosales y eso no debe quedar impune bajo ningún caso.

Si hoy contamos con Saida no es por otro motivo que la fortaleza de esta joven, por la rapidez en trasladarla al sevillano complejo de Virgen del Rocío, a la unidad de quemados, y, por supuesto, a unos profesionales de seguridad en el escenario que se desvivieron por evitar una tragedia peor. Lo demás, sinceramente, fue todo una astracanada a la que se añade la insensibilidad de algunas partes. Así de triste y así de lamentable.

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