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Desde mi escaño

La Celgán y otros dramas santacruceros

La Celgán y otros dramas santacruceros

Malas noticias me llegan hasta la Villa y Corte de Madrid. Hace un año, aproximadamente, se daba por hecha la demolición de la antigua fábrica de Celgán, en el barrio santacrucero de Tío Pino, y la promesa a sus moradores, gente sin techo, de ubicarles en casas de alquiler social para, por lo menos, poder empezar una vida como Dios manda. Sin embargo, de las promesas a los hechos dicen que suele ir un buen trecho y lo cierto es que después de todo este tiempo, sólo se ha solucionado la situación vivencial de algunas personas, pero se ha dado lugar a que otros indigentes se metan en la antigua industria, lo que vuelve a poner el contador a cero para el consistorio de Santa Cruz de Tenerife.

Puedo entender y comprender la desazón existente entre todas aquellas asociaciones que se han dejado el alma, la vida y todo su esfuerzo en buscar una solución para esta gente y para evitar que el problema persistiera. Siempre quedará quien piense que mejor dejar una fábrica destartalada para que los que no tienen donde pasar la noche al menos no estén al raso. Pero es que ya no se trata de una cuestión de protegerse de la noche, de la lluvia o de las bajas temperaturas, se trata de un lugar que ya ha sufrido diversos desplomes, que en cualquier momento puede producirse una desgracia que no nos gustaría tener que lamentar.

Conozco también cuál es la defensa que realiza el Ayuntamiento capitalino, que sus Servicios Sociales se encuentran desbordados, que no pueden convencer a esas personas para que pasen la noche en los albergues destinados a tal fin, que muchos se niegan a ser trasladados. Sí, perfecto, pero, ¿realmente les importa en la Casa de los Dragos el porvenir de esos ciudadanos? Sí, tal vez la pregunta sea pertinente porque aunque igual no sean votantes, son seres humanos como el alcalde, el concejal o el futbolista más afamado del CD Tenerife. Merecen un respeto y el consistorio, sinceramente, se lo está faltando de manera flagrante.

Lo peor de todo es que el drama de la fábrica de la Celgán se repite en el Pancho Camurria, en el Parque Viera y Clavijo o en el Barranco de Santos. Una lástima, de verdad, que la tormenta de ideas para nuestros carnavales no se aplique a resolver un drama que tiene nombres propios y sobre todo mucha alma y mucho corazón.

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