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Madrid: paupérrima promoción turística

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¿Por qué el Ayuntamiento de Madrid ha renunciado a promocionar turísticamente su propia ciudad? Hace tres meses, cuando la capital de España acogió una nueva edición de la Feria Internacional de Turismo, Fitur, el comentario generalizado era que el stand madrileño era, con diferencia, el más pobre de todo, un aspecto paupérrimo para un enclave que es la puerta principal de entrada de nuestro país y que tiene muchos atractivos para quienes nos visitan. Pero desde que ocupa la alcaldía la esposa de Aznar, lo único que le preocupa a la inquilina del sillón municipal es recaudar, recaudar y recaudar. ¿Acaso la señor Botella no se ha percatado que Madrid podría tener vías más atractivas para la entrada de ingresos sin que sea usando tácticas coercitivas contra sus ciudadanos? Parece que no.

Este pasado fin de semana, recorriendo gran parte de la ciudad, especialmente la zona centro, desde el Palacio Real hasta Cibeles, no había quien diera un paso, todo lleno, desde el bar más cutre a la terraza más sofisticada, colas en todos los museos, el Retiro a tope…y todo gracias a la inercia del boca a boca porque exteriormente la ciudad no se promociona, ni dentro del país ni mucho menos en el extranjero (o desde luego la estrategia de promoción resulta ineficaz y equivocada).

Y dentro de todo, menos mal que la seguridad por las calles principales resulta digna de resaltar. Hay vigilancia policial visible e invisible, incluso cuando uno cree que no hay un agente cerca del lugar donde se acaba de producir un robo, de repente, cuales ‘Usaines Bolts’ salen corriendo dos policías a interceptar al chorizo de turno. Eso da un plus de tranquilidad hablando de una ciudad donde hay tantas y tantas personas.

Sin embargo, insisto, hay que darle más bombo a la promoción turística y la presencia de agentes turísticos que den ese plus de calidad a quienes nos visitan y se dejan sus buenos euros. Tendríamos que aprender de lo que le sucedió hace muchos años a Roma (y a Italia en general), ya que se pensó que la llegada de turistas era algo que ya no era necesario cuidar, que venían por la marca en sí que supone la capital italiana. Pero no. Fue empezar a hablar mal de la ciudad y la gente empezó a poner sus mirar en otros puntos. Esperemos no llegar a esos extremos en la capital de España.

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