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Roma: maravillosa sobresaturación de arte

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El placer de viajar, sea donde sea, resulta algo excitante y además creciente, sobre todo cuando vas a un destino ignoto. Hace ya algunos años tenía reservado con un amigo un viaje a Roma, pero por motivos familiares de él tuvimos que posponerlo. El problema es que al final se fue retardando, retardando y retardando hasta llegar a pasar más de un lustro. Pero al final, la vida, que siempre te da segundas oportunidades (y a veces terceras, cuartas…) te acaba dando la opción que un día puedes disfrutar de ese viaje que habías dejado escapar.

Y por fin, aprovechando el puente de mayo, para Roma que fui y, por supuesto, todo lo que me habían comentado se quedaba pequeño. La ciudad en sí es una verdadera orgía del arte, de la historia y de la cultura. No hay rincón de la capital italiana donde no haya un vestigio de arte y en muchos casos, quitando lo esencial que no hay que dejar de ver, la entrada a muchas iglesias que tienen obras de los grandes nombres, Caravaggio, Miguel Ángel, Bernini o Rafael, es gratis.

Evidentemente, en cuatro días no da para ver las cerca de 1.000 iglesias que tiene catalogadas Roma y en las que se pueden contemplar pinturas o esculturas de diferentes períodos artísticos. Por eso, lo más inteligente es contratar, a ser posible desde el lugar de origen, visitas guiadas. Por ejemplo, Viator es una de las empresas que trabajan con los guías locales y que ofrece unos tours al Vaticano, a la Roma antigua o a la Roma arquitectónica que son una verdadera delicia. Hablamos de recorridos que duran aproximadamente unas 3-4 horas y el coste puede rondar los 50-60 euros.

Por supuesto, pueden arriesgarse e ir ustedes por su propia cuenta y sacar la entrada nada más, pero en algunos casos pueden tardar de 2 a 3 horas en poder acceder al edificio en cuestión y no es lo mismo verlo por uno mismo que contar con los acreditados conocimientos de un guía (en nuestro caso fueron Valentina y Darío) los que nos dieron unas verdaderas lecciones magistrales y que aquí me llevaría horas y horas explicarles, pero desde luego saldrán de todas las excursiones con sobresaturación artística.

¿Qué es lo que yo les recomiendo o aconsejo? Para una visita de tres o cuatro días vayan a lo seguro: la Roma Antigua, con el Coliseo (sobre todo antes de que puedan cargárselo con las obras del Metro, locuras de los políticos), el Foro, el Palacio Palatino y el Circo Máximo y luego la visita a los Museos Vaticanos, Capilla Sixtina y la Basílica de San Pedro, a la que por el módico precio de 5 euros pueden ascender para tener una vista espectacular del Vaticano. Se tarda un poco en subir, aunque por dos euros más pueden liquidarse la mitad del recorrido con un ascensor para que la gente con más dificultades físicas pueda ascender sin tantas dificultades.

Sobre la comida, sin secretos, estando en el país de la pasta, sería un sacrilegio pedir cualquier otro alimento (salvo que se le tuviera intolerancia). De hecho, han sido tal la calidad suprema y excelsa de las pizzas y los platos de espagueti que hemos degustado que meterse en cualquier cadena de pizza a domicilio de España podría provocar una experiencia muy desagradable. Es que nada que ver. Restaurantes hay muchísimos, pero si tienen ocasión, les recomiendo éste encarecidamente, Restaurante Disco Volante, en la Vía Alessandria, 50. Los fines de semana en la noche suele haber una importante afluencia, así que no estaría de más que desde el hotel en el que se alojen hagan la reserva pertinente en el 39 06 4424 9849. El coste está entre los 25-30 euros por persona, pero merece muchísimo la pena.

Los hoteles en Roma son caros, sobre todo los más céntricos (es lo que tiene ser una gran capital europea). Aún así siempre hay ofertas por internet e igual tres noches pueden salirle por menos de 200-300 euros. Eso sí, hay quienes se venden como hotel como el 939 Hotel, que luego no deja de ser una simple, aunque excelente pensión, con desayuno incluido, internet para los clientes y buenas habitaciones.

Y un último consejo. Vayan con mucha precaución cuando crucen la calle. Los italianos tienen por norma no parar así como así en pasos de cebra e incluso en los semáforos. Los coches frenan de maravilla, pero tal vez el infarto que usted pueda sufrir que se le viene un coche encima sería para casi no contarlo. Por supuesto, hablando de tráfico, los taxis. El Ayuntamiento de Roma, harto de verse criticado por las estafas que los taxistas hacían a los clientes que llegaban a los aeropuertos de Ciampino y de Fiumicino estableció dos tarifas cerradas, de 30 para el primero desde el aeródromo al centro de Roma y de 48 para el segundo. Todo lo que exceda de ahí es una estafa en toda regla (uno cayó a la ida y pagó diez euros de más. Eso sí, el taxista, Alessandro, muy majo y lo más parecido a un concursante de Gran Hermano, nos dio una ruta turística por lo más granado de Roma).

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