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Asesinatos injustificables

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¿Qué puede pasar por la cabeza de una persona para acabar con la vida de alguien? No hay nada que justifique tan vil acción, ni siquiera aunque seas una madre a cuya hija hayan violado y el malnacido del violador pase por tu lado y se regodee en la acción. Sí, sé que es fácil decirlo, pero que el impulso era coger esa botella llena de gasolina y rociar al elemento y prenderle fuego. Pero no, no son maneras, aunque de verdad que los instintos primarios a veces resulta complejos dominarse, sujetarlos férreamente con la brida.

Sin embargo, si injustificable es acabar con la vida de un delincuente, menos aún es ponerle precio a la vida de una persona porque, simplemente, te haya despedido de un empleo. A nadie le gusta ser echado de su puesto de trabajo, pero no por ello va a echarse al monte y pistola en mano provocar el encuentro y descerrajarle varios disparos hasta ver caer a su víctima al suelo y salir corriendo como auténticos cobardes.

Esto es lo que ha pasado hace ya varias horas en la capital leonesa con la presidenta de la Diputación de León, Isabel Carrasco, asesinada, al parecer, por una mujer a la que hace unos días había despedido. Esta supuesta delincuente, en compañía de su madre y de una tercera persona, decidieron esperar a Isabel en una pasarela por la que necesariamente debía transitar a media tarde. Allí, pese a la evidente presencia de testigos, optaron por vaciar el cargador hasta dejarla muerta, aunque los testimonios de gente de la zona fueron esenciales para dar con su paradero y detenerlos hasta poder tener cumplimentada la primera parte de la investigación.

Llegado a este punto, me paro a pensar que hemos interiorizado tanto la violencia verbal que empezamos a tener serios problemas para distinguir lo que es mostrar un descontento con lanzarse a reventar la cabeza a quien sea. Por ejemplo, este asesinato ha dejado un reguero de tuits incendiarios donde se justificaba, pásmense ustedes, el asesinato de Isabel Carrasco. Luego nos llevaremos las manos a la cabeza cuando esas amenazas y bravatas por la red cristalicen en una acción en carne y hueso. Desde aquí, sólo dar mi más sentido pésame a la familia de Isabel Carrasco, a sus amistades y a la gran familia del Partido Popular y de la política en mayúsculas porque, diferencias aparte, nadie puede hacerse acreedor a que alguien acabe con tu vida, así sea a los 15, a los 35 o a los 59 años. Descanse en paz.

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