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Bilis tuitera

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Las redes sociales, más en concreto Twitter, ha provocado que se empiece a confundir la velocidad con el tocino, el culo con las temporas y mezclar las churras con las merinas. El último ejemplo lo tenemos con el brutal asesinato de Isabel Carrasco, la presidenta de la Diputación de León, y cuya muerte ha dado mucho de sí a través de Internet, desde los comentarios respetuosos (la mayoría) a los exabruptos más bestias y a las acusaciones y comparaciones fuera de lugar.

Es lo que tiene este océano tecnológico de la red de redes, que la Justicia va muy por detrás y tiene muy poquitos medios para poder atajar a tanto elemento que debería estar tan lejos de un dispositivo electrónico como un cirrótico del alcohol. Desgraciadamente hemos visto como a un determinado presentador, Antonio Jiménez, de 13TV, un listillo le suplantaba en Twitter, le hacía una cuenta falsa y encima aprovechaba para decir las mayores burradas para que todo el mundo creyese que aquel perfil era el verdadero de Jiménez. Puesto el caso en conocimiento de la policía y de los jueces, la respuesta es desalentadora, que poco o nada se puede hacer.

Sin embargo, y volviendo al tema de Carrasco, no es de recibo que alguien como Pablo Iglesias se dedique a tuitear que nunca se habían suspendido campañas por un suicidio de alguien a quien había desahuciado y que en cambio se haga por ese crimen. ¿Qué está comparando, Pablo, un suicidio con un asesinato a sangre fría? ¿Te parecen ambos casos iguales? ¿Tienes el santo rostro de decirlo incluso hasta en un comunicado? Lo tuyo es para decir Podemos…ser mucho más insensibles.

Insisto, no se trata de rescatar a Torquemada, pero alguien tiene que ponerle un límite a este dislate de Twitter y de otras redes sociales. No quiero ni pensar que hubiese pasado si Twitter hubiese existido en tiempos del asesinato de Miguel Ángel Blanco. Lo peor de todo, aparte de los que han soltado toda su bilis ante el asesinato de Isabel Carrasco, es aquellos que han justificado taimadamente la muerte. Ni 12 cargos ni ocho cuartos. La vida es sagrada, la suya, la del otro, la de todos ustedes y la mía, así seamos santos, corruptos o mentirosos compulsivos.

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