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Carles Puyol: los mejores valores dentro y fuera del campo

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Carles Puyol se retira como futbolista tras, prácticamente, tres lustros dándolo todo en la élite del Fútbol Club Barcelona, un jugador que ha sido santo y seña no sólo de la entidad blaugrana, sino también de la Selección Española. Lo ha ganado todo, Ligas, Copas del Rey, Supercopas de España, de Europa, Champions League, Mundialito de Clubes, Eurocopas, un Mundial y siempre bajo el denominador común de un trabajo impecable, sin una muestra de divismo, sin reclamar para sí unos focos mediáticos que otros se llevan sin poder acreditar, posiblemente, ni la cuarta parte de entorchados, aunque quieran revestir de gomina y modales altivos lo que no deja de ser una frustración por poder liderar sólo la cuenta de ingresos publicitarios, pero ver como son otros los que levantan título tras título.

Puyol es de esos jugadores que cualquier entrenador, jugador y aficionado hubiese querido tener en su equipo porque, antes que un excelente defensa, era el exponente de unos valores personales que se requieren sí o sí para poder triunfar tanto dentro como fuera del terreno de juego. El de la Pobla de Segur no sólo ha sido el seguro del Barcelona y de España, sino ese símbolo y ese espejo en el que muchos se han fijado, un currante como el que más, sabiendo que todo lo conseguido no valdría de nada si luego uno se acomodaba. Un tipo que jamás regateó un solo esfuerzo, que no escatimaba una sola gota de sudor, que estaba a las duras y a las maduras. Un tipo de los pies a la cabeza.

Hay muchos momentos en la carrera deportiva de Puyol, pero destacaría dos por encima de todos. Uno, cuando erigiéndose en el gran capitán que ha sido del Barcelona, afeó a Dani Alves y a otro compañero que se chotearan tras un 0-5 o un 0-6 de la afición del Rayo Vallecano con una celebración que no tenía sentido alguno. Eso es lo que destaca de lo que es un capitán de los de verdad, saber que hay límites que no se deben traspasar. Una cosa es ganar y otra muy diferente regodearse de una forma tan obscena.

La otra escena brutal fue en la final de la Champions de 2011 en Wembley frente al Manchester United. Guardiola le da dos minutos finales para que salte al terreno de juego y así pueda recoger la Copa de Europa, ya que había estado lesionado las últimas semanas. Pues bien, en el momento de la ceremonia, Puyol decide que quien debía alzar el trofeo a los cielos de Londres no era otro que Abidal, un jugador que pasó por el duro trance de un cáncer de hígado. ¿Quién da más ante ese gesto?

Por eso, aunque uno desea fervientemente que el sábado campeone el Atlético en Liga, Puyol se merecería el mejor homenaje en forma de la consecución de su última Liga en activo. Desde luego, el Barça, sin Carles, se queda un poco huérfano de los valores que deben rodear a un deportista. Esperemos que ahora sepa hallarle una ubicación en el organigrama administrativo.

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