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Dos tipas muy tontas....o muy desvergonzadas

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Las asesinas confesas de la presidenta de la Diputación de León, Isabel Carrasco, han pensado que la policía es tonta o se chupa el dedo. Ahora dicen, a través de su abogado, que ellas confesaron la autoría del crimen sin la presencia del abogado porque los agentes que las interrogaban les aseguraron que saldrían en libertad en ese mismo momento. Su argumento fue que los policías les dijeron que eran amigos de su marido y padre, comisario policial y que podían declarar con total libertad. Eso no pasa ni en los mejores sueños, ni siquiera en esas películas de serie B con la que Antena 3 nos ameniza las tardes de los fines de semana.

Convengamos que todo abogado tiene que velar siempre por el bien de su cliente y que tiene que recurrir a todo tipo de añagazas legales para sacar el mayor rédito posible, sobre todo cuando se dan las circunstancias de que su representado es culpable de robo, asesinato, agresiones, etcétera, pero es que, de verdad, no puedo creerme que dos personas que tienen una cierta formación intelectual, especialmente la hija, ingeniera de telecomunicaciones, vayan a caer en algo tan obvio como declarar ante la policía sin la presencia de un letrado. Eso sólo puede pasar en un régimen dictatorial.

Sinceramente, no puedo creerme la versión del abogado, pero en un supuesto remoto de que realmente estas dos individuas acabaran declarando por su cuenta y riesgo, sin presencia de letrado, es como para hacérselo mirar y deducir dos cosas bien claras, pero al mismo tiempo contradictorias entre sí: o son tontas de capirote o su desvergüenza alcanza cotas que superan la altura del Everest. Es decir, no sólo acaban con la vida de una persona, sino que además consideran que el resto de la sociedad es tan sumamente idiota como para tragarse con y sin anestesia que ellas pensaron que iban a ser soltadas ipso facto por ese asesinato.

Seguramente, como mantenían varios psicólogos, se da en el caso de la madre ese perfil de persona que es tanto el odio que destilaba que ni siquiera es consciente de lo delictivo de su acción. Es más, estoy convencido de que la tipa se recreó y se gustó en la declaración frente a los policías creyendo que igual estaba contando su ‘hazaña’ en la barra del bar a sus amigotes.

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