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Eibar y Deportivo: el valor del sacrificio

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No todo es el dinero en el mundo del deporte. Se pueden tener los mejores medios, los mejores jugadores, contar con un presupuesto de campanillas, pero luego, en la realidad, todo eso no vale sin un factor esencial, el sacrificio. De nada vale ser el deportista más talentoso si a la hora de la verdad no se le pone empeño al tema. Y esto vale tanto para cualquier competición como en la vida misma. Nadie te regala un milímetro, todo hay que acreditarlo. El postureo o las suposiciones no son más que meros escaparates, pero si dentro no hay nada, al final el destino es acabar como una bonita obra de arte, expuesta ante todos, concitando exclamaciones, pero la utilidad es cero patatero.

Viene esto a cuento del éxito que en la Segunda División han cosechado dos escuadras cuya economía es más bien modesta, aunque también originada de manera diferente. Por un lado, el Eibar, un modesto conjunto guipuzcoano, que ha conseguido el ascenso a la Primera División teniendo el presupuesto más bajo de toda la categoría. Sin embargo, la falta de pasta y, por tanto, de estrellas, ha sido convenientemente suplida con la entrega de su plantel, el trabajo en equipo, en pelear cada balón, en no hacer un fútbol de salón y de cara a la galería. Su premio es más que merecido y saben que en Primera igual la fórmula no sirve para mantenerse, pero tienen claro desde el club eibarrés que dislates económicos los menos posibles.

El otro ejemplo está en el Deportivo de La Coruña, un cuadro que estuvo a un paso de bajar administrativamente a Segunda B, que económicamente debía hasta las rayas blanquiazules. Finalmente, sorteó el fantasma de los despachos, pero salía con una plantilla de trapillo y con la casi certeza de que iba a ser una travesía por el desierto. Sin embargo se sobrepuso a esas dificultades y también alcanzó el sueño de retornar a la élite y eso que clubes como el Zaragoza, Real Mallorca o Córdoba tenían más solvencia. Pero, cosas de la vida, los dos primeros pelearon al final por no bajar y el tercero se ha metido milagrosamente en los play-off de ascenso.

Ojalá el deporte siempre fuera así, que el factor económico no fuera preponderante para alcanzar las cotas más altas, que se valorase el esfuerzo. Pero mucho me temo que los grandes imperios pueden permitirse la galbana de determinadas estrellas porque siempre habrá quien salga al rescate. En un Eibar o un Deportivo de La Coruña no sólo no se concibe el que alguien escatime esfuerzos, sino que además es imposible tener a alguien así en un plantel. Ahí reman todos, desde el presidente, al utillero.

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