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El radicalismo político de una diputada judia

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Esta señora, Ayelet Shaked, diputada israelí, debería dejar su escaño y su labor como parlamentaria tras escribir (más bien diría que vomitar) en su cuenta de Facebook que las madres de los “terroristas” palestinos deberían ser asesinadas porque dan a luz a “pequeñas serpientes”. Y no sólo se quedó tan ancha, sino que agregó que: “Tienen que morir y sus casas deben ser demolidas. Ellos son nuestros enemigos y nuestras manos deberían estar manchadas de su sangre. Esto también se aplica a las madres de los terroristas fallecidos”. Lógico también, por otra parte, que venga este escrito por parte de una fanática del partido ultranacionalista Hogar Judío.

Pero, además, agregó que: “Detrás de cada terrorista hay decenas de hombres y mujeres sin los cuales no podría atentar. Ahora todos son combatientes enemigos, y su sangre caerá sobre sus cabezas. Incluso las madres de los mártires, que los envían al infierno con flores y besos. Nada sería más justo que siguieran sus pasos" y lo remachó de la siguiente manera, en referencia a las mujeres palestinas: “Deberían desaparecer junto a sus hogares, donde han criado a estas serpientes. De lo contrario, criarán más pequeñas serpientes”.

Evidentemente, no se trata de posicionarme a favor de la causa palestina porque no es el caso y todos sabemos también todo el daño que ha causado Arafat y los herederos de su obra destructiva. Pero lo que no se puede tolerar es la salvajada que esta señora ha soltado por las redes sociales. Para que se hagan ustedes una idea, es como si esa frase lo aplicamos a las mujeres catalanas para así evitar que se implante el nacionalismo o la independencia en Cataluña. No sólo sería vomitivo escribir eso, sino que un juez, sin necesidad de más elementos de juicio, nos podría imponer una dura pena por apología del genocidio.

La pena, como siempre, es que habrá adeptos a la causa pro-israelí que saldrán a defender a esta señora contra viento y marea y justificando todo lo justificable, empezando, por ejemplo, con el presidente de los Estados Unidos, el cada vez menos pacífico Nobel de la Paz, el señor Barack Obama, quien tendría que haber salido a la palestra a poner en su sitio a esta sujeta de tres al cuarto, una ultra que igual no debería tener otro sitio que no sea como forofa en la grada de los hinchas más radicales del Maccabi de Tel-Aviv.

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