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Seis años de cafrada judicial

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Tomadura de pelo de altos vuelos. Eso es por lo que están pasando los supervivientes y las familias de los fallecidos hace hoy seis años, un 20 de agosto de 2008, en el cruento accidente del vuelo de Spanair JK 5022 y que debía unir Madrid con Gran Canaria. Sin embargo, el avión, después de haber sido sometido a revisiones por problemas para poder despegar, cayó al vacío segundos después de tomar una considerable altura y desplazarse varios cientos de metros por fuera de las pistas de Barajas como si fuese una bola de fuego.

154 muertos a los que a día de hoy la aseguradora de turno, Mapfre, se niega en redondo a dar más dinero que lo que marca una ley rígida, estricta y completamente deshumanizada. Sí, de acuerdo que la compañía no querrá pagar más de lo que estipula la legislación, pero seguro que sería más sensible si Rafa Nada tuviera la mala fortuna de romperse un brazo.

Resulta de todo punto evidente que en España seguimos teniendo una justicia a la carta o, mejor dicho, a la cartera. Es decir, tanto tienes, tanto vales y, por tanto, puedes demorar trámites judiciales ad calendas grecas o, por ser más claro, hasta que a uno le dé su rematada gana o que aparezca un juez que no esté por la labor de dejar que los expedientes se le acumulen en la mesa (aunque normalmente a esos magistrados les acaban quitando los casos, no vaya a ser que perjudiquen abultados intereses de terceros).

En el caso de las víctimas del mortal accidente de Spanair, su caso seguirá demorándose indefinidamente porque alguien, algún cerebro, decidió equiparar la caída al suelo desde centenares de metros de altura de un avión, que éste luego ardiese durante su largo desplazamiento fuera de las pistas y que sólo pudiesen escapar menos de dos decenas de personas de la infernal trampa, a un accidente de coche. Sí, así de dura es la legislación, una deficiencia que no parece que a nadie le interese subsanar.

Para Mapfre todo está conforme a derecho y puede que tenga razón desde un punto de vista práctico. Pero, sinceramente, ¿alguien se ha parado, siquiera sea sólo un momento, a ver qué piensan los afectados, qué sienten en su interior cuando incluso han tenido hasta problemas para poder cobrar la indemnización por la pérdida del equipaje? Parece que no, en esas cuestiones no entra a debatir Mapfre porque sabe que aún teniendo la ley de su parte, hay aspectos que sonrojan claramente ante lo que es un atropello y un pisoteo moral en toda regla.

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