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Santa Cruz de Tenerife: mejor ser semáforo que indigente

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A Santa Cruz de Tenerife le sobra el dinero por todos lados. De hecho, es una ciudad que navega plácidamente por el río de la abundancia, una urbe feliz y cantarina donde no hay gente haciendo cola a la puerta de los Servicios Sociales de su Ayuntamiento en busca de la paguita, del cheque para hacer la compra del mes o para que alguien sufrague los recibos del agua y de la luz. El concepto de pobre en la capital chicharrera no existe, es una entelequia que la siempre malvada oposición saca de cuando en vez para intentar desacreditar la impecable labor de José Manuel Bermúdez.

Por eso, desde la Casa de los Dragos se gastan nada más y nada menos que nueve millones de euros al año en semáforos. Sí, se despilfarra esta morterada porque en Santa Cruz no hay más problemas que resolver. Claro, la cuestión es que el alcalde y su equipo de Gobierno pisan bastante poco la calle y no le llega a sus despachos las noticias que hablan diariamente de desahucios, de gente a la que le cortan el agua y la luz o quien no tiene para poder comprar, siquiera, una simple barra de pan.

Este es el modelo de ciudad que se ha implantado en la actual legislatura, un sistema que tiene, valga la redundancia, por sistema dejar arrinconados a los vecinos con más necesidades y emplear el dinero en cuestiones tan sumamente vitales como el mantenimiento de semáforos. Además, como dice el concejal del PP Alexis Oliva, duplicando la partida inicial. Vamos, en vez de ser esto el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife es el de Madrid, y desde luego todo el presupuesto se iría en esos reguladores del tráfico. En fin, un completo disparate.

En cambio, esta ciudad, que en los últimos años ha vivido varios capítulos de inundaciones por fuertes lluvias y llevándose por delante la vida de algunas personas, sólo prevé, y en comandita con el Cabildo de Tenerife, nada más y nada menos que 8 millones de euros para un plan de prevención en caso de fuertes lluvias. Es decir, un millón menos que para el mantenimiento de semáforos y encima con el agravante de que es un gasto a compartir entre dos administraciones. Eso sí, seguro que a lo largo del día de hoy cualquier ciudadano que quiera una ayudita para poder ir a comprar lo básico a un supermercado tendrá que cumplimentar infinitos papeles. A lo mejor, si va disfrazado de semáforo, seguramente le hagan más caso y hasta puede que encuentre trabajo fijo…y muy luminoso.

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