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Desde mi escaño

La marquesina de Botella

La marquesina de Botella

El Ayuntamiento de Madrid, en una medida que no tiene ni pies ni cabeza, se está dedicando al cambio de marquesinas en las paradas de los autobuses. Los modelos que llevaban tantos años colocados y que tan excelente servicio habían prestado, están siendo suplidos por otros que, aunque de estética más moderna, tampoco eran imprescindibles que se pusieran ahora, más que nada por el gasto tremendo que debe conllevar para el bolsillo del contribuyente.

Además, dicho sea de paso, el Consistorio madrileño, que aún sufre el lastre económico de la deuda dejada por Gallardón y sus faraónicas inversiones, no está para darse esas fiestas del derroche y, en todo caso, si le sobra la pasta, que la invierta en otros capítulos, que a buen seguro que en la capital hay cuestiones mucho más necesarias y perentorias que la de estar cambiando unas marquesinas. Guste o no, ya se dice entre los vecinos de las zonas en las que se está procediendo a estas renovaciones que alguien estará poniendo el cazo. No digo que esto sea así, pero desde luego da que pensar.

Sinceramente, cuando uno pasa por delante de un comedor de Cáritas y ve las tremendas colas que se forman para poder llevarse a la boca un plato de comida, es cuando cae en la cuenta de que en nuestra ciudad, Madrid, quedan muchas necesidades más importantes que las de vestir mejor las paradas de autobuses. Sólo le falta poner wifi y un dispensador de cafés para que nadie quisiera salir de las mismas. Los anteriores modelos no tenían problema alguno, pero alguien se empeña en hacer una virtud de la necesidad y eso huela mal, bastante mal.

Lo que tiene que hacer el Ayuntamiento de la señora Botella es dejarse de tanta marquesina y afrontar los problemas reales que tiene nuestra ciudad como es, por ejemplo, solventar las dificultades de tráfico, el problema del aparcamiento o flexibilizar más las zonas verdes y azules. Por las marquesinas, señora alcaldesa, no se preocupe tanto. Aquí hemos vivido años con paradas al bies, mojándonos que daba gusto y tirábamos buenamente con un paraguas o un buen abrigo. A ver si sale usted un poquito más del Palacio de Cibeles y se pone en contacto con la realidad más latente.

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