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'Alierta' todo el mundo: Movistar quiere cobrar por escuchar el buzón de voz de los fijos

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Seis céntimos. Esa es la cantidad que MoviStar (antigua Telefónica) quiere cobrar a los usuarios por escuchar los mensajes recibidos en el buzón de voz de los teléfonos fijos. La cutrería del señor César Alierta de repercutir en los clientes menos pudientes la ruina que han supuesto determinadas operaciones para su compañía no tiene parangón. Dicen los responsables de la compañía telefónica que a lo sumo se le facturará por mes a los usuarios una cantidad máxima de dos euros y medio, aunque también existe una posibilidad, que es darse de baja del servicio contestador activando las teclas #10# y así que la empresa no se haga con ese botín.

Evidentemente, serán muchos los consumidores que a estas alturas aún ignoran que sólo quedan semanas para disfrutar de la gratuidad de este servicio. La idea es empezar a cobrarlo a partir de octubre de 2014, así que ya veo a muchos abonados evitando dejar un mensaje en el contestador y sobre todo aquellos que lo reciben intentar ver qué número ha llamado, porque igual ni merece la pena. Vale que tampoco es una fortuna, pero ¿por qué han de ser los usuarios los que tengan que soportar esta carga? De verdad, parece una tomadura de pelo.

Más le habría valido a MoviStar haber tenido más ojo y no tener contratadas a determinadas personas, empezando por ese cuñado real que resultó todo un bluff y un truhán como es Iñaki Urdangarín. Seguro que al yerno le habrán pagado a base de bien, como igual morterada habrán recibido los señores Rato y Zaplana. Mientras a ellos los ponen un sueldazo para caerse de espaldas de la impresión, resulta que al resto de clientes se les trata como mera escoria, consumidores con cero derechos y todas las obligaciones, amén de la esclavitud de la permanencia en el caso de hacer con ellos un contrato de móvil (bueno, esto pasa en todas las compañías).

Así que nada, señor Alierta, disfrute usted contando los ingresos de seis céntimos que va a tener usted a cambio de nada, pero no se relaje. Es posible que muchos abonados decidan, quizá hoy mismo, darse de baja de su empresa por esa medida tan cutre, tan pesetera, tan de personaje renacentista dedicado a raspar los bordes de las monedas de oro. Eso tiene un nombre, usura, y usted parece conocerla al dedillo.

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