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El abuelo de 'Casa Tarradellas' nos ha salido un choricete

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El nerviosismo ya cunde en la familia Pujol. Las afirmaciones del patriarca, el molt honorable, sobre el dinero que le ha venido pispando al fisco español durante 34 años no han caído en saco en la ciudadanía española y, en particular, en los catalanes, que acaban de ver como sus padres de la patria que quiere ser independiente han estado engañando durante cuatro décadas con la perra de la secesión, mientras por detrás, entre bastidores, ponían a disfrutar sus abultados patrimonios, procedentes de la más vil rapiña, en las tumbonas de diversos paraísos fiscales.

Ahora, cada salida de cualquier miembro del clan a la calle se puede convertir en un verdadero espectáculo. La gente muestra su enfado, con razón, por esa tomadura de pelo, por haberse dejado estafar por unos políticos que presumían de seny, pero que no era más que una mera fachada, la necesaria sonrisa amable mientras echaban mano al bolsillo del contribuyente y así pagar las cuantiosas y costosas campañas institucionales en los medios de comunicación para darle bombo y platillo a la causa rupturista.

El problema es que en Cataluña sigue existiendo la creencia de que esto no deja de ser sino un nuevo ataque del Gobierno de la nación a los próceres catalanes. La familia de Pujol no digiere verse en el ojo del huracán y cuando los periodistas les preguntan sobre el particular, las respuestas van desde el silencio, el portazo hasta el, con perdón, “¡Váyase usted a la mierda!”, que es lo que le espetó la mujer de Pujol, Marta Ferrusola, a unos periodistas de laSexta que la abordaron cuando ésta cogía un taxi, taxi que seguramente no pagará ella, sino nosotros.

Eso sí, que los políticos nacionales no se escondan, desde Felipe González a Aznar, Zapatero o Rajoy conocían de primera mano los tejemanejes de Pujol y prefirieron mirar hacia otro lado y un cierto ministro de Economía, el señor Montoro, ya sabía de ciertas irregularidades cuando ocupó ese mismo cargo en la legislatura 2000-2004. ¿Por qué se le permitió irse hasta ahora de rositas? Y, lo más trascendental, ahora que ha habido esta confesión de parte, ¿se le obligará a devolver el parné o seguirán dejando que don Jordi envejezca como el entrañable abuelo de Casa Tarradellas? Me inclino por lo segundo.

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