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Un tiparraco menos: el pederasta de Ciudad Lineal entre rejas...y ojalá que por muchos años

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Se acabó la pesadilla. Por fin el siniestro sujeto que ha tenido atemorizados a los habitantes de la zona de Ciudad Lineal, el pederasta Antonio Ortiz, ha caído en las garras de la Policía. Ha sido un año intenso de pesquisas, especialmente los últimos meses cuando este infecto personaje actuó con mayor frecuencia y, desgraciadamente, se había convertido en el mayor problema de los agentes. Este sujeto, capaz de actuar a plena luz del día, era capaz de dejar a las niñas raptadas pocas horas después en lugares públicos, pero cuidándose muy mucho de que nadie le viera.

Y a Dios gracias que a este tipo de gentuza, que no son otra cosa sino unos enfermos mentales, suele priorizar más el dar rienda suelta a sus sucios instintos sexuales que a controlar si están o no vigilados. Creo entender que fue en el último rapto cuando este tipejo, con toda la Policía en Madrid buscando a su presa desesperadamente, optó por jugársela e ir a por otra menor. Sin embargo, y afortunadamente para todos, cometió varios errores, entre ellos dejar que parte de la matrícula se viese por una cámara de vigilancia y que se le cayera el permiso de conducir. Y aun así, han pasado semanas hasta echarle el guante al desgraciado éste.

Y es que la localización y detención del pederasta de Ciudad Lineal se había convertido en una cuestión capital para nuestros Cuerpos y Fuerzas del Estado, un tío que, pese a sus taras mentales, parecía muy pulcro en sus actuaciones, no había huellas que le delatasen y sólo se acertó en un dato de los que se daban, que era un sujeto que aparentaba unos 35-40 años. De resto, pasó por tener todo tipo de complexiones y de color de cabello. Pero por fin todos vamos a poder dormir más tranquilos.

Lo que sí preocupa, y lo comentaba hace unos minutos en ‘El Cascabel’ de 13TV el criminólogo Francisco Pérez Abellán. Resulta que la ley prohíbe que quede constancia en archivos policiales el rastro de tipos como éste que hayan cumplido condena. Resulta que el facineroso éste había sido detenido en los años 90 por rapto de una menor y por esa acción cumplió siete años de cárcel. Pues bien, una vez cumplida la condena, no quedó rastro de este tiparraco como elemento potencialmente peligroso, así que por eso ha podido actuar con total impunidad. De no tener a veces leyes tan absurdas, episodios como los vividos en el último año en la capital de España con este pederasta no hubieran tenido lugar. Pero la ‘burrocracia’ a veces es así de puñetera y de tan garantista con quienes más daño pueden hacer.

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