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Tamames: un nazi de la natalidad

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Un heredero de los nazis pulula por las televisiones sentando cátedra económica, pero al mismo tiempo impartiendo doctrina de lo que se debe hacer con aquellos bebés que puedan venir al mundo con alguna deficiencia. Este sujeto, llamado Ramón Tamames, tuvo la poca vergüenza de soltar hace unos días en 13TV, en el programa ‘El Cascabel’, que el síndrome de Down era una tragedia y una desgracia para los padres y para los propios hijos, que no entendía como se podía concebir una vida de sufrimiento durante 30, 40 o 50 años. Al tipo no se le cayeron las gafas ni se le erizo el pelo ante las barbaridades que estaba soltando por su bocaza.

A Dios gracias, tanto el presentador, Antonio Jiménez, como la contertulia Isabel San Sebastián, cogieron al elemento por banda y le dejaron sin defensa posible, amén de los telespectadores que, indignados, comenzaron a llamar a la cadena para protestar enérgicamente contra las chorradas y la apología del asesinato que estaba defendiendo este señor. Sí, el señor Tamames justificaba el aborto en caso de malformación del feto y eso, aunque ya no lo dijo, igual incluía al que naciese ciego, sordo, con parálisis o a aquellos que tuvieran que estar postrados de por vida en una silla de ruedas. ¡Vaya con el tal Tamames!

Desgraciadamente, tampoco puede extrañarnos que esta eminencia de los números piense de esa manera. Él comparte con gran parte de la progresía ese principio básico que es el nulo respeto por la vida. Es un digno precursor de las leyes y reformas que se han ido haciendo en España con el aborto, donde cada vez se ha dado más manga ancha para que las mujeres y las que no lo son tanto puedan desprenderse del ser que ha nacido en sus entrañas. Y lo peor es que el PP ha hecho seguidismo de esta legislación tan laxa y, en algunos casos, en ciertas comunidades autónomas como Madrid, se ha subvencionado a clínicas abortivas.

Pero, volviendo y terminando con el tema, el señor Tamames, tal vez, hubiese sido muy feliz viviendo en la Alemania de 1940, cuando se eliminaba por millones a los judíos en las cámaras de gas. El profesor sería más sutil y simplemente se conformaría con no ver a más niños con síndrome de Down correteando por las calles. Dice esas burradas, punibles por otro lado, porque no ha conocido, ni de lejos, a esta gente tan dulce y tan especial. Esperemos que alguien tenga la lucidez de exigirle públicas disculpas tras el festival de despropósitos e incoherencias ofrecidos sin asomo alguno de reflexión.

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