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Lo de Monago, una anécdota, lo grave es que el Senado no controle

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Nos estamos perdiendo en el detalle. Lo importante en el asunto de los viajes a Tenerife del hoy presidente de Extremadura, José Amtonio Monago, cuando fue senador no es si fue o dejó de ir a ver a una supuesta novia, a una tal Olga María Henao y le cargó al Senado 32 viajes de esas características. Lo relevante, lo que tendría que indignarnos particularmente es conocer que tenemos una institución, una Cámara Alta, que permite este tipo de dispendios y no exige a los políticos que rindan cuentas posteriormente sobre el motivo del desplazamiento.

Y es que la práctica en la que ha sido pillado cinco años después Monago parece ser que ha sido más habitual de lo que pensamos. Claro, ¿quién es el guapo que va a poner negro sobre blanco estos privilegios si ellos mismos se reparten el botín? Mucho hablar de pactos anticorrupción entre los partidos políticos, pero luego, cuando se trata de tocar o retocar sus privilegios, se ponen de acuerdo para que los mismos no sean dinamitados. Esto es como los sueldos, cuando se dice que los españoles tenemos que ser solidarios y rebajarnos nuestra nómina, el recorte nunca llega a nuestros políticos.

Insisto en que a mí me da lo mismo lo que fuese o dejase de hacer Monago, político peculiar y particular, capaz de estar en el PP pero deseando unirse a los coleteros. Lo que tiene que indignarnos es esa falta de control y de escrúpulos por parte de quienes tienen que controlar los fondos públicos, a los que les da lo mismo darle a alguien 1.000 euros para un viaje y ni siquiera tener la decencia o la preocupación de saber cuál ha sido el destino de ese pastizal. No hay derecho.

Si ustedes se dan cuenta, las principales críticas vienen del lado de los medios de comunicación. Los partidos políticos piden en voz baja dimisiones, pero no elevan el tiro porque saben que mañana o pasado el escándalo puede instalarse en casa propia y entonces quedaría uno como Cagancho en Almagro. Mucho hablar de transparencia, de códigos éticos, de expulsar a los corruptos, pero es que quienes tienen que aplicar esas normas son los mismos que causan el delito. Esto es tan contradictorio como ser bombero-pirómano o asesino-policía. Sería un sinsentido.

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