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El 'sin rencor' de Teresa Romero y Javier Limón tenía un precio: 300.000 euracos del ala

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“Salgo sin reproches y sin guardar rencor”. Cito palabras textuales de la auxiliar de enfermería Teresa Romero el día en que recibía el alta en el Hospital Carlos III. Eso sí, a renglón seguido, como si nadie se hubiese percatado de esa primera reflexión, concluyó con un claro “y a partir de ahora, todo lo que tengamos que comunicar, será a través de nuestros abogados”.

Dicho y hecho, lo que muchos nos temíamos, se ha hecho realidad, y esta pareja, con el exprimidor de drama Javier Limón, al guión del ‘reality’, y Teresa Romero como la enferma perpetua, ya han hecho pública la cifra que reclaman a la administración, 300.000 euracos, 150.000 al consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid y otros 150.000 por el sacrificio de Excálibur. Eso sí, casi ni dan las gracias por el hecho nimio de que nuestra sanidad se gastara ingentes cantidades de dinero en salvarle una vida que no pudo conservarse en el caso de los dos misioneros fallecidos.

Para esto quería el señor Limón, que de forma muy ácida y amarga pedía a los medios que les dejasen en paz. Simplemente, querían ir hasta Becerreá a hacer el ídem, sentarse con los abogados y echarle hilo a la cometa hasta llegar a esos 300.000 euros por daños y perjuicios. Lo dicho, a estos dos les importa muy poco haber estado a punto de haber sufrido una desgracia irreversible y que nuestros profesionales médicos salvasen la vida de la sanitaria. Ellos lo que persiguen es la notoriedad mediática y que papá Estado les pague lo que ellos consideran justo.

Podemos convenir en que el sacrificio de Excálibur fue precipitado y seguramente innecesario vistas las cosas con perspectiva. Pero en el momento en el que se produjeron los hechos, donde nadie sabía a ciencia cierta cómo actuar y ante la alarma social despertada, se optó por la solución más rápida.

Lo que también llama poderosamente la atención es cómo Teresa Romero y Javier Limón obvian el daño que se le ha hecho a la dueña de la peluquería en la que ella se hizo las piernas. No sólo el local ha permanecido varias semanas cerrado, sino que ahora tiene la mácula de que muchos saben que allí estuvo la enfermera y no es descabellado pensar que más de una cliente habitual opte por tomar las de Villadiego y buscar otro establecimiento. Esta señora sí que tiene más derecho que nadie a pedir una compensación económica y este matrimonio que sólo busca una notoriedad que me produce verdadera repulsión hasta llegar al mismísimo vómito.

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