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La 'Wyllypollez' de un castrista metido a proetarra

El cine español alberga un cáncer de inmoralidad y de sinvergonzonería encarnado en la figura de un mediocre actor llamado Willy Toledo, un sujeto despreciable y deleznable, amigo de juntarse con lo más impresentable que haya en el planeta Tierra. Este individuo igual se levanta un día comunista ruso, que se une al espíritu de Santiago Carrillo para seguir matando a inocentes en Paracuellos o bien le da por hacerse más cubano que Fidel Castro y vivir a todo trapo en el régimen dictatorial que lleva décadas sometiendo a los isleños sin que estos tengan posibilidad alguna de rebatir o de expresar sus quejas hacia los tiranos.

Pero hay días en los que al imbécil este de Willy Toledo le da por subirse a un escenario, disfrazado de drag queen y empezar a soltar vivas a ETA y llamar opresor y torturador al Estado español. Este elemento, con tal de dar la nota, hace lo primero que se le viene a la mente. Es un ser indecente a todas luces y lo que no puedo entender como sigue habiendo gente que le pueda hacer el caldo gordo y reírle sus payasadas. Porque este tipejo es un payaso, pero no de los que causan risa, sino de los que provocan el vómito y el asco más profundo.

Toledo es un sicario frustrado que se quedó bastante tocado después de montar su circo en 2003, en plena Guerra de Irak. Usó la gala de los Premios Goya para tirar con bala contra el Gobierno de Aznar, se dedicó a politizar un certamen que, desde entonces, no ha levantado cabeza. La pena es que nadie le dio un cachiporrazo con el regio busto que representa al pintor a ver si por un casual se le arreglaba esa cabeza de melón que Dios le dio en suerte. Aunque, claro, como este tipo es un ateo, seguramente su tontería permanente se debe a que en realidad es un aborto malparido.

 Lo mejor que le podría pasar a la Humanidad es que Toledo desaparezca del confín del Universo y acabe perdido en un agujero negro y se quede allí postergado para toda la posteridad. Un siniestro elemento como él es mejor tenerlo a muchos años luz de distancia, un tipo malencarado, piquetero y montonero, la auténtica deshonra de la profesión, un vividor al que hace tiempo ya muchos le han tomado más que la matrícula.

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