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El programa de Podemos: el timo del tocomocho

Se le acabó el cuento a Pablo Iglesias. El líder de Podemos, desde la aparición de los primeros escándalos en su formación y los que tocan a su pareja o empareja, Tania Sánchez, no es el mismo, en absoluto. El coletas empieza a graduar y a medir de manera obsesiva sus apariciones mediáticas y ahora su corte mediática, el cortejo de palmeros y comisarios políticos de los que se hace acompañar en sus presencias televisivas están pendientes en todo momento de lo que se dice por las redes sociales, pero muy en especial de Twitter, la auténtica obsesión de estos tipos que sólo saben hacer políticas en 140 caracteres. Así les va.

Pues bien, hace unas fechas, concretamente el pasado sábado 24 de enero de 2015, en el programa ‘la Sexta Noche’, con la niñera Iñaki López al quite, Pablete Iglesias iba siendo informado prácticamente en tiempo real de las reacciones que iba habiendo en Twitter sobre la entrevista que concedía al canal de Planeta y la curva de apoyo al líder de Podemos era descendente hasta ponerse peligrosamente en modo precipicio, de tal modo que hubo que decirle que se dejase de tonos macarriles porque, de lo contrario, aquello tenía pinta de hundirse cual Titánic.

Ese es el problema que tienen estos populistas, que cuando se les acaba el discurso de las entrañas, el exabrupto y hay que poner sobre la mesa propuestas y realidades factibles, lo cierto es que no saben salir a plantear un programa coherente y entonces es cuando vienen los insultos, el llamar Pantuflo a un periodista o decirle machista a una mujer por preguntar por las corrupciones de Tania Sánchez. Podemos, sencillamente, es eso, un partido con mucha trampa y mucho cartón, un envase muy logrado, pero cuando se abre su caja te encuentras que no hay nada, que es pura entelequia.

Dicho de otro modo, el programa de Pablo Iglesias es como aquellos vídeos que hace tiempo se vendían a precio de ganga en el rastro, te enseñaban el señuelo, tú caías como un pardillo, pagabas duros a peseta creyendo que habías hecho el negocio de tu vida y luego, cuando llegabas a casa, lo que había dentro era un gran ladrillo. Vamos, el timo del tocomocho de toda la vida de Dios.

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