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El código ético del PSOE: reglas ad hoc

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¡Cómo les gusta a los partidos políticos (siempre hay excepciones, claro) aplicar las normas éticas que ellos mismos se autoimponen a gusto de consumidor! ¿Qué hay un miembro molesto que puede hacernos perder las elecciones y que, tal vez, la Justicia le acabe imputando? Pues nada, patadón y tente tieso y, de paso, le cambiamos la cerradura del despacho para que no tenga la tentación de ir para allá. Sin embargo, cuando la imputación a dos miembros del partido es fehaciente, no una mera suposición, cogemos el código ético, le hacemos una bola de papel y se lanza bien lejos porque aquí no interesa echar a nadie de su escaño.

Traducido en plata. Si la cosa va con Tomás Gómez, entonces se aplica el código ético hasta las últimas consecuencias, aunque no esté imputado. Se tira del consabido ‘por si las moscas’, amén de cubrirse las espaldas para evitar una nueva debacle electoral de los socialistas en la Comunidad de Madrid. Además, ¡qué duda cabe!, el llamado Invictus de Parla no era del agrado de Pedro Sánchez, como tampoco lo fue de Zapatero y de Rubalcaba, y se ha esperado la ocasión propicia para que el peso reglamentario del PSOE caiga sobre él.

Sin embargo, cuando la imputación real y efectiva viene como los Donuts, es decir empaquetada de dos en dos y además con sello de origen andaluz, auténticos patanegras como Chaves y Griñán, expresidentes de la Junta de Andalucía y actuales senadores, entonces las reglas éticas que la organización de Ferraz se ha dado se convierte en toda una suerte de papel higiénico. Ya no hace falta entregar nada, ni las llaves del despacho, ni el acta, ni nada. Aquí se aplica la máxima de que hay que esperar hasta el día del juicio…si es que llega, claro.

Lo cierto, lo relevante y lo sustancial es que Pedro Sánchez no se atreve a ejecutar en Andalucía lo que sí ha tenido redaños de hacer en Madrid. Claro, Tomás Gómez estaba más señalado por sus enfrentamientos con los diferentes secretarios generales que fueron doblegados ante su negativa a dar un paso al costado y Sánchez se ha cobrado las facturas pendientes. Pero en cambio, cuando el problema viene de Despeñaperros para bajo, ahí no se atreve a tocar nada, especialmente por si la califa Susana Díaz se enerva y le da por disputarle el cetro de Ferraz y la candidatura a las elecciones generales.

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