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Desde mi escaño

Con las manos en el iPad: la juguetona Celia Villalobos pillada con el Candy Crush

Dirán que es tirar de topicazo, que es generalizar injustamente. Pero la pillada a Celia Villalobos hace unos días en el Congreso de los Diputados dándole a la pantalla de su iPad como si no hubiese un mañana y desatendiendo por completo a lo que estaba pasando en la tribuna de oradores nos hace replantear si realmente sus señorías se merecen no sólo el sueldo que cobran, bastante sustancioso, por cierto, sino si en realidad merecen calentar un escaño en el hemiciclo.

Vamos a ver. No tiraré tampoco de hipocresía porque uno reconoce que un debate como es el del Estado de la Nación no sólo es largo, sino tedioso, plúmbeo y a las seis, siete de la tarde uno no está con la misma atención que pueda tener a la una del mediodía. Sin embargo, ellos, los diputados, no sólo han elegido estar ahí, sino que están ahí precisamente gracias a nuestros votos en las urnas. Es decir, deben estar al servicio de la sociedad y no pasar las horas jugueteando. A nadie le pagarían en su empleo por estar pasando tres kilos del jefe y juguetear con el móvil mientras la tareas se acumulan sin cesar.

Celia Villalobos debería haber pedido disculpas y, si hubiese tenido unas gotas de decencia, haber presentado la renuncia a su cargo e incluso al acta de diputada. Pero claro, eso sería en países serios como Suiza o Alemania. Aquí, en cambio, te cogen con las manos en el iPad y la reacción es exigir, además con malos modos, que se deje de grabar a la vicepresidenta primera del Congreso. Luego se extrañan de la desafección de la ciudadanía respecto de la política. Aquí tienen el ejemplo.

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